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UN NUEVO LUGAR.

Este es el final de El Diablo Azul pero no es un adios ya que me encontrareis en un nuevo lugar, un nuevo blog, esta es la dirección:

http://anaita1111.wordpress.com/

Cuidaos 🙂


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ESTO NO ES UN ADIÓS.

En mi pensamiento no deja de estar un hombre que recordado por siempre será.

No solo por mi, ya que unos pocos tuvimos la suerte de formar parte de su vida. De la vida de quien solo vivió por y para el sacrificio y la familia.

Si, existe gente así, se que él no es el único, pero es mi único. Mi piedra preciosa, esa que no importa que su valor sea alto, porque nunca la venderás y sacaras del colgante que la posa junto a tu corazón.

A veces me daba por pensar:

“¿se acordará….?”

Nunca dijo nada de los momentos malos.

“Que mal lo pase por…” eso nunca salió de su boca.

Él era así, y no hablando de esos momentos duros nos decía; no importa.

Eso siempre lo supe, porque para él lo que le habíamos dado era mas grande que el dolor pasado, y lo escribo aquí para que todos los que lo lean sepan la gran persona que era.

Él era el único que sabia sin preguntar lo que me podía hacer daño, y eso es irreemplazable.

Ayer pasé por Lorca y esos recuerdos que antes creía malos, parece que se han convertido en vivencias importantes. Él y yo lo sabemos, y es algo que nunca será borrado. No lo permitiré porque…

Conozco a un hombre al que le gustaba andar por la playa acompañado de su mujer, con la cual a todos lados iba.

Conozco a un hombre de sacrificio imparable y voluntad de hierro ante la necesidad de su familia.

Conozco a un hombre de paellas de domingos, navidades de zarzuela, y reyes de ojos entornados y sonrisas disimuladas.

Conozco a un hombre silencioso y transparente, de mirada serena y curiosa.

Conozco a un hombre que necesitaba y era necesitado, que nunca dejará de ser amado.

Conozco a un hombre…

Nos cuidaste, nos acompañaste, nos enseñaste.

Nos diste tanto amor que con nosotros quedara y para siempre perdurará.

TE QUIERO PAPÁ.

SOLEDAD EN MÍ. 

COMO PESAN MIS PIES — Skillet —

Conozco a alguien horrible que siempre intento mantener alejado de mí.

Soy respetado, pero esa persona abominable pone en peligro todo lo que he construido. Todo por lo que he luchado.

Quiere ser mi amigo, acercarse a mí, y lo odio.

Detesto esta sensación de impotencia.

Esa persona es un monstruo, lo quiero lejos y me aterra.

Me aterra porque ese ser, esa persona, ese monstruo, está demasiado cerca.

Skillet – Monster.

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Caminando torpemente, una chica herida y ensangrentada pide ayuda. Grita suplicante con retorcido rostro.

Todos allí se acercan y preguntan, ¿estas bien, que te ha pasado? ¡¡Llamad a una ambulancia!! Obteniendo como única respuesta de ella un desgarrador grito salido de una boca temblorosa y de labios descoloridos, pálidos como los de un muerto.

El cuerpo helado de la aterrada joven se rinde desvaneciéndose el pequeño hilo de fuerza que le permitió llagar hasta allí, cayendo al suelo desplomado. Pero antes de perder el conocimiento y sumirse en el desmayo logra decir entre el llanto; sálvenlo.

Cerca de esa calle, los cuerpos inertes de dos hombres en la acera de un callejón sucio y oscuro postrados esperan que los encuentre alguien.

Ambos yacen, uno sin vida y otro herido de muerte.  

El cadáver de un asesino, y junto a él un héroe que acaba de salvar la vida de una mujer, muriendo tras el acto que permitirá a la chica vivir para ver un nuevo día.

Skillet – Hero.

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Frente a una tumba,  arrodillada, una chica da las gracias.

Me has permitido vivir otro día, dice con rostro serio.

Nunca conoció a aquel hombre que allí descansa, o por lo menos nunca intercambió una conversación con él, y para eso ya es tarde.  Él está muerto y ella viva.

Fue receptora de la vida que él debió haber vivido. Por ello, determina frente a su lapida:

Viviré bajo mis condiciones, no dejare que nadie me lleve, seré mi única dueña, seré feliz.

Por que esta vida que me diste no sea desechada. Por que la vida que poseo; la que siento haberte robado, no sea tirada a la basura.

Siento amor, por eso no lo haré por nadie. Lo haré por mí, por la vida que tengo.

Skillet – Awake and Alive.

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Pues hoy le tocó a Skillet, ahí queda 

BUSCANDO VALOR. — Korn —

Soy fuerte, eso dicen.

Un día, no hace mucho, escuché a alguien decir: 

Si se lo propusiera sería capaz de hacer lo que quisiera, y pensé; tonto, no sabes lo que estás diciendo.

¿Fui realmente fuerte?…

lo físico nunca me asusto, o por lo menos antes, pero a parte de eso nada…

¿Algo así te convierte realmente en una persona fuerte?

Como afirma el dicho, las apariencias engañan.

La vida te las devuelve todas, es la única que puede ponerte en tu sitio diciéndote directa y claramente la verdad a la cara con la certeza de saber lo que eres realmente, a esa no la puedes engañar. Te hace preguntarte tantas cosas que es capaz de volverte loco.

¿Soy fuerte? hubo un tiempo en el que lo creí, ingenuo de mí, ¿que puede entender un niño sobre el dolor al fin y al cabo, más que solo una parte de el?

Tres vidas me dijeron:

Valiente aguantaste, deshecho deambulaste, y andando dudas aunque no detengas tu paso. Pero cobardemente siempre estoy lleno de dudas.

No me detengo porque tengo responsabilidades en una vida prestada.

Debo porque he recibido mucho, y aunque eso me asusta, tal vez sea lo que hace avanzar a un cobarde.

Si no puedes intentarlo por ti tal vez si que lo puedas intentar por otro, ¿no?

Solo soy quien teme derrumbarse, porque no se puede confiar en quien constantemente camina sobre un fino hilo, o por lo menos yo no lo haría.  Será la falta de costumbre ya que nunca confié demasiado en nada.

Andando dudo sin detener mi paso solo porque no puedo detenerme… Pero soy fuerte, eso dicen…

korn coming undone

Sigue sosteniendolo cuando mi cerebro empiece el tic tac como una bomba.

Seguro que los oscuros pensamientos vendrán de nuevo para tomarme.

Palabras agridulces como nada que haya oído antes.

Sigue cantando pajarillo burlón, no me afectas.

¡¡Eso es!!

¡¡Delirio de mi corazón!!

¡¡Se fuerte!!

Se deliberado.

¡¡Espera!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Desenlazado!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Demasiado tarde!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

Lo que se ve fuerte es tan delicado.

¡¡Espera!!

¡¡Estoy empezando a sofocarme!!

¡¡y pronto como lo anticipé, estoy deshaciéndome!!

¡¡Lo que se ve fuerte es tan delicado!!

Ahogado, ahogado de nuevo descubri que mis demonios eran mis amigos,

llevándome hacia el final ellos quieren cogerme.

Desde que era joven saboreé la pena con mi lengua,

y esta dulce arma insaciable no me protege. 

¡¡Eso es!!

¡¡Dispara entre mis ojos!!

¡¡acierta por favor!!

Hazlo rapido.

¡¡Espera!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Desenlazado!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Demasiado tarde!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Lo que se ve fuerte es tan delicado!!

¡¡Espera!!

¡¡Estoy empezando a sofocarme!!

¡¡y pronto como lo anticipé estoy deshaciéndome!!

¡¡Lo que se ve fuerte es tan delicado!!

¡¡Estoy…

tratando de mantenerlo todo junto!!

¡¡La cabeza es tan frágil como una hoja!!

¡¡Parece que que no estoy mejorando!!

¡¡Parece que no estoy mejorando!!

¡¡Espera!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Desenlazado!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

¡¡Demasiado tarde!!

¡¡Estoy deshaciéndome!!

Lo que se ve fuerte es tan delicado.

¡¡Espera!!

¡¡Estoy empezando a sofocarme!!

¡¡y pronto como lo anticipé, estoy deshaciéndome!!

¡¡Lo que se ve fuerte es tan delicado!!


 

 

 

Pues ahí queda Korn, un grupo de grandes letras y estupenda música con el cual seguro, repetiré.

GUILD WARS.

 Me encantan estos vídeos.

 

Terminé.

Espero que os guste. 

EL MERCENARIO Y LA BESTIA. — 2ª parte — (Final)

El mercenario y la bestia- 1ª parte —> https://1111ana.wordpress.com/2011/05/17/el-mercenario-y-la-bestia-1%C2%AA-parte/

Una vez fuera aunque todavía por los alrededores del castillo comenzó a ver lo experimentado de una forma mas tranquila.

El barullo en su cabeza poco a poco y con no menos esfuerzo fue ordenándose, hasta que algo interrumpió sus pensamientos.

Todo pasó tan rápido que ni tiempo le dio a caer en la cuenta de lo que estaba sucediendo.

Parte del castillo comenzó a derrumbarse como si lo hubiesen construido sobre ladrillos de papel, teniendo que correr para no ser aplastado.

Un estremecedor gruñido resonó en el aire recorriendo todos los alrededores erizándoles la piel a todos los que allí había; advertencia de lo que estaba por pasar. Y Liam, que se había alejado, al escuchar aquello volvió de nuevo a las inmediaciones del castillo contrariamente a lo que hizo la demás gente, que con terror se alejaba llegando a chocar con más de uno.

Gritaban; otra vez no. Otra vez no. Y lloraban; ese monstruo de nuevo.

Algunos recordaban lo que 10 años atrás aconteció en ese mismo lugar, y que Liam nunca vivió.

Él fue expulsado antes de que se produjese, pero solo había que fijarse en la reacción de la gente ante aquel sonido para darse cuenta de que tuvo que ser como poco, horrendo.

Sin asimilar del todo lo que pasaba, los gritos crecieron más, y más, cuando vio a la bestia bajando la montaña con la cara cubierta de sangre en aterradora y espantosa forma de comunicar, ya he matado.

La gran loba caminaba por las calles casi sin rumbo, como un gigantesco bebé gateando entre pequeños muñecos, y en medio del pánico que ya se había propagado por los alrededores estaba Liam, sin acertar que hacer.

Todo se había convertido en un caos. En ese momento la muerte se sentía cerca, más que la propia vida, siendo inevitable para él pensar en el porque no habían intentado matarla antes, con la forma de una débil mujer.

¿Por qué esperar? ¿Porque cometer 2 veces el mismo error? Estaba claro que la bestia había escapado, porque con esa forma, al parecer nada podía detenerla, y todo estaba descontrolado.

Maldito rey codicioso, gritó furioso, por que sabía que seguro todo era consecuencia de su ego y avaricia infinita.

Después de tantos años en los que había sido ridiculizado; ni sus ejércitos ni sus armas fueron capaces de  dar muerte al monstruo, su nombre estaba bastante dañado.

Exhibir a la bestia que tanta vergüenza había sumado a su reinado sería el antídoto. La única forma posible de que todos los años oscuros fuesen borrados, pero por el contrario, mostrar a la bestia con la forma de una débil mujer que para mas complicación poseía una cara igual a la de su princesa no era seguramente la mejor solución.

La gloria y veneración que le supondría que todos vieran el cuerpo del monstruo muerto no solo haría olvidar todo lo que el rey deseaba fuese borrado, sin contar el respeto que le procesarían en otros reinos, también lo convertiría en leyenda viva matando a monstruo semejante. Por ello, acertaba al pensar Liam, debía mostrar el cadáver del gran lobo, a la bestia, que todos vieran su poderoso aspecto para que su hazaña fuese mas grande.

Liam avanzó hasta ponerse frente al lobo mientras gritaba.

El animal ni lo miró, inmerso en la persecución y la caza siguió con su caminar cuando tras el aparecieron 15 guerreros, que a caballo y muy bien armadas atacaron con todo lo que tenían.

Clavaron lanzas en el monstruo, que ni un solo arañazo ni lamento provocaron.

No parecía que con tales ataques fueran a conseguir matar a aquella cosa cuando con un movimiento, la bestia tiro a tres de los perseguidores de sus caballos, pisando y matando a uno de ellos, lo que provocó que los demás se apartaran. Era evidente, nada se podía hacer contra tal poder.

Mientras mantenías la distancia no interponiéndote en su camino el lobo avanzaba tranquilo, cosa que no pasó desapercibida para nadie de los presentes.

Así que eso empezaron a hacer, como en una coreografía perfectamente ejecutada, todos  se apartaron haciéndole un amplio pasillo.

Observaban aterrados el caminar pacifico de la bestia mientras se quitaban de en medio  lentamente para no alterarla.

Como si nada fuese con ella, la bestia, mientras en dirección al bosque tranquila avanzaba, no apartó la vista del arbolado y basto hogar del que al parecer nunca deseó salir, desapareciendo entre la oscura y verde penumbra cuando llegó a este.

Al día siguiente el pánico aun seguía impregnado en las mismas calles que 24 horas antes fueron pisadas por el monstruo.

Si antes era temido, ahora el temor se acrecentaba. Todo en la ciudad era desconcierto y rumores:

¿Por qué capturar y traer a la bestia a la ciudad poniendo a mujeres y niños en peligro? ¿Por que no matarla en el bosque? ¿Si puedes capturarla, por que no puedes matarla?

Eso era lo que se oía, pero ellos no sabían lo que si que sabía Liam:

En las noches de luna llena la bestia no era más que una chica a la que fácilmente se podía matar, y que esa fue la razón de que pudieran capturarla.

Después de 6 meses en los cuales, Liam entraba en el bosque todas las noches en las que la luna llena se levantaba, la esperanza de volver a encontrarse con la forma humana de la bestia comenzaba a desvanecerse.

No había podido dar con ella, siempre comenzaba su viaje varias noches antes de la luna llena, quería estar lo suficientemente alejado de la ciudad e inmerso en lo profundo del bosque para tener mas posibilidades de dar con ella.

Pero algo le ronzaba la cabeza; si no la había encontrado, ¿sería por que ella no quería ser encontrada? cosa que le hacía sentir la impotencia del que desea lo imposible.

Solo una conversación, no pedía más que eso.

Quería suplicar por Queena, que aquella cosa la liberarse.

Su deseo era que Queena pudiera ser libre. Único propósito desde que la viera y conversara con ella en las mazmorras del castillo. Se sentía incapaz de quitarse ese instante de la cabeza.

Anduvo todo el día y parte de la noche.

Quedaban 4 días y 3 noches para que la próxima luna llena apareciese y estaba dispuesto a llegar mas lejos, y cada luna llena llegaría mas lejos hasta encontrarla.

Y entonces la noche en la que alzada, la luna iluminó el bosque con su esplendida y redonda figura comenzó.

Liam, esa noche se encontraba cerca del río y decidió bordearlo mientras se seguía adentrando en el bosque siguiendo su cauce. 1 hora bastó.

Le pareció ver algo entre la espesura a unos metros del río.

Se acerco con cuidado, en ese bosque si no tenías claro que había cerca era mejor asegurarse. Y la vió.

Era Queena, pero no estaba sola.

Sorprendido y con el corazón a mil vio también a 4 hombres que parecían mercenarios, pero a diferencia de él, estos la buscaban para hacerle mal.

Los mercenarios la rodeaban, seguramente asesinos pagados, pensó, y no le pareció que quisieran capturarla viva.

Llegado a ese punto, suponía a la vez que observaba agazapado, que el ayudarla en ese momento ya no sería suficiente. Mientras ella siguiera rondando esos bosques su muerte no estaría lejos.

Sus posibilidades estaban totalmente muertas y sin vuelta atrás desde el momento en que descubrieron su punto débil. La parte humana, que por otro lado a Liam tenía cautivado.

En ese instante sopesó:

¿Por qué arriesgar todo por quien nada se podía hacer?

Sintió un súbito cosquilleo en el estomago similar al que siempre experimentaba segundos antes de una confrontación, mezcla de excitación, ansiedad, y otras sensaciones ya conocidas por quien vive por y para la lucha. Pero además a todo ese cúmulo de sensaciones conocidas se sumo un deseo.

No era una batalla planificada. No acompañaba al remolino de adrenalina implícito en la lucha. Era un simple deseo. El deseo de ayudarla. Y no necesitó más para decidirse sin dejar lugar a la duda.

Escondido entre los matorrales sintió el apoyo del bosque.

La luz de la gran luna era atenuada, casi asesinada por los grandes árboles que allí vivían, no importaba lo clara que esta fuese, la luz en ese bosque no era bienvenida.

Agazapado entre la oscuridad atacó, primero al mas fuerte, que desprevenido murió al instante al atravesar su corazón, a lo que sus 3 compañeros respondieron de inmediato atacando al unísono.

Liam alzó su escudo y con la espada bien agarrada y preparada para matar esperó con mente clara. Mente en la que el desarrollo de la lucha se encontraba perfectamente planificado.

Solo 3 acciones bastarían para dar muerte a los 3 hombres, dedujo.

A 2 los envistió con el escudo a la vez que mataba al que no alcanzó con este atravesándole el estomago con su espada; 1º movimiento.

Un contundente golpe en la sien dejo k.o al siguiente; 2º movimiento.

Y aprovechando la inercia que llevaba con el 2º le desgarró la garganta al único que aún quedaba en pie; 3º y último movimiento, acabando con los 4 hombres en unos pocos segundos.

La chica lo miró sin inmutarse, como si nada hubiese pasado.

Había salvado su vida, por el amor de Dios, ¿a que viene esa cara de indiferencia? Pensó.

Entonces caballeroso se acercó a ella y le alargo su mano.

_ Por cierto, me llamo Liam_ Y con seductora sonrisa esperó a que ella respondiera con la mano alzada a modo de presentación formal.

Unos segundos de incertidumbre en los que la muchacha no respondió ni en palabras ni en actos fueron suficientes, Liam no esperó más y cogió la mano de ella acercando sus labios a esta, la miro a los ojos y con la sonrisa aun dibujada en la cara terminó la presentación.

_ Encantado de conocerte Queena_

La mujer retiró de inmediato la mano que a pesar del despectivo gesto no expresaba desagrado, en realidad no expresaba nada de nada, dejándole claro algo:

_ Si crees que estas frente a Queena no puedes estar mas equivocado, señor_

La respuesta de la chica ofusco a Liam que con el orgullo de quien quiso ser un gran caballero no mostró.

_ ¿Y entonces con quien tengo el placer de hablar, señora?_ Pregunto mirándola como si corrigiera a un niño.

La mujer cambió el gesto hasta ese momento indiferente por uno soberbio e irritado.

_ Creía que los hombres temían lo que no podían comprender_ La muchacha pareció probarlo.

El rostro de Liam repentinamente tornó.

Se volvió severo, desafiante, y mientras clavaba los ojos en el iris escarlata de la mujer se acerco a ella y pregunto como si de un ultimátum se tratara.

_ Solo me interesa saber una cosa, dime; ¿está Queena ahí dentro?_

_ Lo que antes fue uno ya no lo es…_ Fue la respuesta de la mujer que acompañada siempre por una cara de seriedad casi inhumana, fría y desprovista de toda emoción miraba a su interlocutor como si no mirara a nadie.

Liam agarró el brazo de la chica y acercándola más a él hasta que sus frentes se rozaron volvió a pronunciarse.

_ ¿Qué eres?_ No hubo respuesta _ ¡¿Quién eres?!_ Repitió Liam, esta vez sin intentar disimular la irritación que lo embargaba, pero siguió sin obtener respuesta_ Queena, dime algo_ Pidió finalmente casi en una suplica.

Realmente lo deseaba. Liam deseaba volver a hablar con la chica de la celda, esa que tanto lloraba y a la que diez años atrás no dio valor.

Ahora en el presente todo era diferente. Ahora tenía toda su atención. Ahora estaba dispuesto a ayudarla. Pero ella no quería, ni su atención, ni su ayuda, echo que lo enfurecía, ¿Por qué a él le tenía que importar tanto cuando para ella nada significaba?

La mujer no opuso resistencia ante el agarre del hombre pero siguió sin responder nada manteniendo su imperturbable silencio,  dejando la petición del hombre en el limbo.

Ofuscado ante la actitud de la extraña mujer la soltó a regañadientes, pero no sin antes advertirle, porque  más le valía cooperar.

_Salvaste mi vida y te lo agradezco_ Dijo él con exaltación evidente_ Pero no soy hombre de honor.  En mi mente no está la estúpida idea de deberte nada, así que se inteligente, te conviene tenerme  porque no dejaré que ese lobo vuelva a las calles de mi ciudad. Y no te equivoques, no es nada personal_ Esperó unos segundos con las esperanzas de llagar a ella casi anuladas cuando esta sorprendiéndolo totalmente comenzó a llorar.

No fue un llanto fueron lagrimas, solo agua sin emoción en sus ojos, pero lloraba.

Liam alargó su mano para acariciarle  la mejilla mojada, pero ella dio un paso atrás con el que sin palabras dijo todo.

_ Ya veo_ Se  dijo casi para si Liam al borde de la resignación.

Lo había rechazado. Rechazo que le dolió más de lo esperado.

A él que hasta hace poco nada le importaba, siendo restablecer un honor irremediablemente perdido hacía mucho su única meta en la vida, los últimos meses estaban siendo una bocanada de aire nuevo para él, despertando deseos impensables solo un año atrás.

No lo perturbaba como antaño lo que fue, lo había superado sin apenas darse cuenta, sintiendose por primera vez en muchos años un hombre libre.

Miró a la chica frente a él, veía  sus lágrimas, su obstinación, su soledad, y sintió aun mayor deseo de llegar hasta ella.

Convertida en la meta de un presente desconocido para alguien siempre acostumbrado a no desviarse de un camino trazado hace mucho,  un viaje auto impuesto y desfasado  en el que nadie se había cruzado,  que sin percibirlo apenas  acabó convertido en una soga que poco a poco lo estrangulaba, asfixiando lo que realmente era.  Ahora volvía a respirar de nuevo con la plenitud y capacidad de un pecho libre, hecho liberador.  Se sentía liberado de alguna forma.

Ahora estaba avanzando, porque no lo hacía como lo que antes era, si no como lo que era ahora, en un instante y momento renovado, enfureciéndolo el hecho de no haberse dado cuenta de lo mucho que había perdido hasta ese momento.

Cerró los puños fuertemente y sin apartar la vista de la mujer se sinceró como nunca lo hizo en la vida dejando atrás la vergüenza del confeso, ya no pensaba rendirse. 

_ Yo también soy nuevo en esto, ¿sabes?_  Confeso sin reparos, y la muchacha sustituyó el desden por un gesto curioso al escucharlo_ No soy bueno en las relaciones_ Continuó diciendo_  Soy un solitario sin remedio, y te aseguro que no se ni lo que estoy haciendo en este momento, y tampoco como cojones hacerlo. Pero hay algo de lo que si estoy seguro, y es de que quiero hacerlo. No se más, pero con eso me basta_

Liam esperó  sin abrir los puños una respuesta con esperanzas casi desvanecidas aunque con las mismas ganas, cuando con asombro; asombro que expresó su cara, vio a la chica acercarse transformando lo que en principio pareció irreversiblemente cerrado en un candado del cual había posibilidad de encontrar llave. Suficiente para la reaparición de la esperanza, pero esta fue truncada súbitamente.

Una flecha surco el aire acabando su viaje en el pecho de la chica que cayó al suelo de inmediato.

Liam reacciono raudo cubriéndola con su escudo en el cual 2 nuevas flechas impactaron.

A esas alturas ya tenía claro donde se encontraba escondido el agresor y sin pensarlo, sabiendo que el tiempo  sería crucial puso a la muchacha tras un gran árbol que la protegería esquivando unas cuantas flechas más que acabaron en  su escudo.

Avanzó con rápidas zancadas entre nuevas flechas, alguna logró rozarle pero bien cubiertos sus puntos vitales  ni una sola logró pararlo.

El arquero corrió cuando tenía a su rival cerca, antes de la confrontación, y Liam, a pesar de saber que el tiempo corría en su contra, la chica estaba herida y desgraciadamente temía, no viviría mucho sin ayuda, no dudó en perseguirlo. Debía darle muerte antes de que avisara al resto.

Habría más hombres sospechó con la misma meta. Estaba casi seguro,  ese bosque se encontraba plagado de hombres dispuestos a dar caza al punto débil de la bestia.

Logró alcanzarlo en no demasiado tiempo, era rápido, pero no lo suficiente para él  que lo mató sin pensarlo dos veces.

La prisa que lo acuciaba no daba lugar a ningún tipo de dudas, y tan rápido como lo mató se marchó.

Llegó hasta la chica que postrada esperaba terriblemente herida, sangrando abundante mente.

Liam se quitó la camiseta bajo su armadura con acuciada angustia y enrollada se la puso a la muchacha en la boca pidiéndole a la vez disculpas por lo que estaba apunto de hacer; sabía que eso le iba a doler lo suficiente como para odiarlo.

Rompió parte de la flecha, debía sacarla aun a riesgo de empeorar la situación, no había tiempo para la duda.

La punta de la flecha había salido por detrás por lo que costaría menos sacarla, cosa que hizo rápidamente estremeciéndolo el grito de la joven que acompañó al acto.

Salía mucha sangre, y con la misma camiseta que se quitó apretó la herida con desesperación  sabiendo que acabaría muriendo desangrada si continuaba así, pero, ¿Qué más podía hacer? no cesaba de preguntarse una y otra vez sin encontrar respuesta.

La mujer comenzó a hablar torpemente incentivada por la angustia que él expresaba en su desesperación por salvarla.

_ ¿llo… ras?_ Pregunto extrañada y con terrible mueca de dolor en la cara.

Y sintiendo en el pecho un latido arrollador al escucharla continuó su lucha sin decir nada. Pero un recuerdo le vino a la mente mostrandole la esperanza en lo que parecía no haberla, con lo que las palabras volvieron preguntando ansioso, pálido y con rostro cansado:

_ ¿Como curaste mi pierna el día que nos conocimos?_ 

_ ¿Por qué es… estas a… sustado?_  Fue lo que respondió la joven.

A pesar del dolor y ser acechada por la muerte,  no cesaba de enseñarle con sus palabras  su interés por saber de él. De lo que él  sentía por ella,  cosa que lo conmovió, pero no había tiempo para eso.

_ Porque no quiero que mueras estúpida_  Acertó a decir abrumado_  ¡Maldita sea_ siguió con ansiada prisa_  contesta a mi pregunta mujer!, ¡¿como curaste mi pierna?!_

El dolor no impidió que algo despertara en ella ante la confesión de aquel hombre desesperado por que no muriera, y  haciéndola olvidar a  todos los que deseaban su muerte se dejó llevar por él, respondiendo a su pregunta sin dudas.

_ Yo t… te guiar… e_ Susurró ella.

_ ¿Qué? ¡¿Guiarme?! No puedo moverte. No así. La herida, yo…_

La mano de la muchacha acaricio los labios de Liam deteniendo sus palabras.

_ No s…abrías lleg… gar_ Dijo ella, y apartó la mano de su boca.

Liam abrió los ojos de forma que en su cara pareció que no hubiese otra cosa y supo que tenia razón.

_ Tie… nes que ir a  l… l… las fl…ores_ Aclaró ella.

_ ¿Flores? _ Preguntó Liam_ ¿Esas flores pueden curarte?_ y antes de acabar la pregunta la alzó con cuidado sosteniéndola entre sus brazos. Era liviana no le costaría transportarla.

Sentía terror solo al pensar en moverla en ese estado, pero aun así lo hizo. Ser rápidos era la única opción posible, por lo que no perdió el tiempo y comenzó a  avanzar.

_ Dime, ¿hacia donde vamos?_ Preguntó severo.

La chica señalo con el dedo índice la dirección a seguir, y él sin demora allí se dirigió sin decir nada sintiendo la humedad de la sangre resbalando por su brazo.

Caminó por donde la joven señalaba hasta llegar a una cueva en la que esta dijo estaban las milagrosas flores.

La quiso dejar en la entrada a la vez que le preguntaba como eran aquellas flores.

_Yo las traeré_ Le dijo. A lo que ella respondió:

 _No. No po… drás sa… s…acarlas, se des… sinte…g… graran f… fue… ra de l… la cu… cuev… a_

_ So… lo déj… jame de…ntr… ro y sal fue… ra_ Continuó diciendo_ es… espe… ra has… ta que s.. se ha… hag… a de día pa… ra en… entr… trar_

_ Pero, ¿dejarte sola? Eso…_

_ S… si él qui… ere vi… vivi…ré_

La cara de Liam se ensombreció de golpe.

_¿Que?…  ¿Quien?_ Preguntó sintiéndose un autentico inútil sin entender nada.

_ El bos… que_

Quiso seguir preguntando, pero detuvo sus impulsos. El tiempo era escaso, demasiado escaso para preguntas y respuestas que al final seguramente no entendería; sus mundos eran demasiado opuestos, por lo que  sin demora la llevó dentro.

La posó en el frío suelo provocándole un nudo en el estomago el hacerlo, dejándola con el desasosiego anclado en el pecho.

Aquella cueva era como cualquier otra logro ver. Nada de flores. Nada especial.  Se había fijado bien, y no pudo evitar mientras en la entrada esperaba el pensamiento de la irremediable perdida de lo que tanto tiempo le había llevado encontrar.

Susurrando el nombre de Queena como en un rezo, era atrapado por la incertidumbre de su corazón, que  acelerado más y más con la espera lo  convenció de su inutilidad, y no pudo evitar encontrarse perdido, pero aun así  cumplió la espera  como ella le dijo que hiciera.

Nada más asomar el sol, ansioso entró en la cueva viéndola en el suelo tendida tal y como la dejó descartando de su mente la posibilidad que tanto lo acosaba, no podía estar muerta.

Se agachó y cuando la toco esta abrió los ojos y la abrazó sin pensarlo, la felicidad de no haberla perdido lo arrolló.

Ella respondió al abrazo y comenzó a llorar desconsolada como nunca Liam la hubiera visto hacerlo. Esta vez no eran solo  lágrimas, era un llanto. El llanto humano de una chica, ni más ni menos.

La apretó contra su cuerpo tierna y cuidadosamente,  apartándola después de un rato para observar mejor como se encontraba.

Entonces se percató de algo en lo que no había reparado con el desconcierto  que  le provocó un  estremecimiento; sus ojos eran azules.

_ ¿Queena? ¿Eres tu Queena?_ Preguntó nervioso como un niño en su cumpleaños cuando sabe que es real la llegada se su ansiado regalo, eso que deseo tanto .

La muchacha desconsolada lo miró sin dejar de llorar y dijo con expresión aterrada:

_ Se ha ido_

Y la emocion de la sorpresa inicial torno en Liam.

La vio tan sumamente asustada y apenada que no podía encontrar consuelo posible que darle mientras ella no paraba de repetir; se ha ido. Se ha ido.

Por más que Liam preguntara quien se había ido, no obtenía respuesta, solo lágrimas y la misma frase repetida sin descanso que parecía doler como si aun sufriera aquella herida en el pecho.

_ Yo estoy aquí_ Dijo finalmente  Liam con gesto serio y perdido.

Palabras  que transformaron el desconsuelo en atenta y silenciosa mirada.

La muchacha lo abrazó sin más, y las manos que Liam sintió apretadas en su espalda  lograron sosegarle, sintiendo una calidez consoladora que no recordaba haber experimentado antes, y su mente se aclaró.

Fue cuando lo entendió, ¿se había ido?…  Si, era el lobo. El lobo era el que  se había ido. Eso quería decir aquel lamento.

Así que decidido reaccionó. Debía hacerle entender que no estaba sola, que él no se iría.

_Estoy contigo. Estoy contigo_ Le dijo preguntandole _ Y tu, ¿Estás conmigo?_ 

La chica lo miró aturdida necesitando unos segundos para asimilar aquellas palabras, como si no entendiera del todo el significado de estas.

Aunque si que lo hizo. Lo entendió, pero le resultó turbador.

Nadie en su vida jamás, excepto su madre; el único ser humano que le mostró lo que era el amor, le había hecho tal promesa.

En medio del nuevo silencio Liam tapó el cuerpo de la joven con la camiseta ensangrentada;  era lo único que tenía a mano, volviendo a preguntar mientras sonreía tiernamente:

_ Así que dime, ¿Estas conmigo?_

Queena lo observó atenta dejando ver a Liam una hermosa sonrisa en primera respuesta que a pesar de asomarse en ella un halo de tristeza  lo sorprendió. Era la primera sonrisa que le dedicaba.  Sonrisa que lo cautivó.

_El bosque_ Comenzó a decir Queena dejando atrás su sonrisa_ lloró tanto la muerte del último lobo que habitó su suelo, que fue incapaz de decirle adiós permitiendo que vagara en forma de alma por sus entrañas.

Y yo, un cuerpo maltratado, despojado de libertad y amor sintonice de alguna forma con ese último lobo,  que como yo, al otro lado de mi pared, encerrado y torturado esperaba la muerte.

Cuando fue muerto, en un sueño me pidió ayuda, en el prometió; dame tu cuerpo y nunca te dejaré sola, y acepte aquel trato, ya que nada de lo que en ese momento tenía me importaba, porque nada poseía.

El lobo quería un cuerpo. Él deseaba vivir tanto que supero a la propia muerte, y yo, que solo deseaba morir encontré una razón para seguir viva.

Entonces llegaste tú y comencé a querer verte.

Le pedí al lobo que te salvara y lo hizo creyendo que no volveríamos a vernos, con lo que todo quedaría en un fortuito encuentro . Pero volviste a aparecer frente a mí haciéndome ver que había cosas que tal vez merecían la pena en el mundo que años atrás deseche.

Ahora él se ha ido y me encuentro aterrada solo con el hecho de saber que fui yo quien deseo su marcha, aunque fuera un instante, ese fugaz momento bastó. Ya no está conmigo.

Ahora  me siento perdida en un mundo que no conozco. No se como… no se…_

Liam tapó los labios de Queena con sus dedos como antes lo hiciera ella y dijo con solemnidad:

_Yo te enseñaré como. Te mostraré el mundo que te fue negado.

Cuando hallas visto todo lo que en mi mano esté mostrarte, te preguntaré de nuevo. En el momento que te sientas preparada decidirás si quieres seguir conmigo o simplemente prefieres otro camino.

Tendrás todo el tiempo que desees y necesites, porque estaré a tu lado hasta que  decidas que soy para ti_

La respuesta de Queena  le llegó a Liam antes de lo esperado en forma de beso robado, que correspondido  acabó convertido en un largo beso que selló el amor entre lo que fue una bestia y un mercenario de solitario camino.

En el reino nada de la Bestia volvió a saberse, ni del frío mercenario que por un tiempo caminó por sus calles.

Se dijo  años después que aquel mercenario mató a la bestia, y que esta también acabó con él en una encarnizada lucha, quedando entre los ciudadanos como el héroe que los salvó a todos.

De recordatorio, en el centro de la ciudad una enorme estatua de hierro los ciudadanos levantaron. En ella, Esculpidos, un guerrero y un gran lobo luchando por seguir vivos se enfrentaban en un estático combate. 

En la escultura años después un gran árbol logró crecer. Árbol que respetado, no fue cortado, y que parecía abrazarla con maternal amor, dejando ver lo que en principio se creó con la imagen de un combate a muerte como algo diferente, mostrando  el hierro una apariencia distinta. Porque mercenario y bestia, más que querer matarse, ahora, parecían amarse.


La sonrisa de Julia-El hombre que olvido su nombre—> ¿Hay alguien más ahí?

FIN. 


EL MERCENARIO Y LA BESTIA. — 1ª PARTE —

Liam, después de innumerables batallas y trabajos a sueldo bien pagados se sabía como el mejor mercenario del lugar.

Un cuerpo ducho en las armas; puro musculo precedido de una mirada asesina que a todos era capaz de helar la sangre, y la técnica del guerrero mas letal. Ese era Liam, o eso era lo que todos veían en una superficie, no dejaba que nadie se acercara lo suficiente como para ver lo que en realidad era. Porque Liam nunca eligió tal destino.

El siempre quiso ser caballero, el mejor solía proclamar de niño cuando aun no era más que un escudero con prometedor futuro.

_Seré el mejor caballero del rey_

Con tan solo 11 años ya era el escudero del primer caballero, Hamilton la fortaleza.

Hamilton era fiero pero a la vez frío y calculador en la lucha y el mejor.

Liam, que por aquel entonces Jon era su nombre, aprendió mucho de él. Aprendizaje que en su inesperado futuro lo había convertido en el mejor asesino.

Jon fue un niño precoz, adiestrado duramente desde que no era más que un niño de 4 años.

Nieto, hijo, y hermano de caballero lo habían convertido en la espada mas perfectamente forjada en su presente aunque no fuese como orgulloso caballero, y a la vez,
en la mayor de las decepciones para quien fue su familia, de la que desde hacía bastantes años no sabía nada.

Mercenario, ¿como había llegado a tal destino con la gloria que le esperaba en la vida?

Recordaba en innumerables ocasiones el acto de un fatídico día. Una acción errónea de la cual se arrepentía y sabía, se arrepentiría de por vida, lamentando su pasada
conciencia.

Recién cumplidos los 15 años, demasiado joven e impulsivo, o tal vez las hormonas del que comienza a ser hombre jugaron ese día en su contra, intentaba encontrarle el
sentido en demasiadas ocasiones sabiendo la inutilidad de las escusas, él solía quedarse hasta tarde en las cuadras, si quería ser el mejor caballero debía comenzar
por ser el mejor escudero, ese era su lema por aquel entonces.

Aquella fatídica noche, la princesa Lizabeth cruzó la puerta de las cuadras.

Tras acurrucarse escondida junto a un barril en el rincón mas oscuro; a Jon le pareció realmente asustada y extrañamente desarreglada dejándolo desconcertado.
La chica a la vez que lo miraba levantó su dedo índice y se lo puso en los labios dirigiéndole el gesto de silencio.

Jon se quedó estatico, siempre había visto a la princesa de lejos, y era tan guapa. Tanto que quizás lo hipnotizó, porque cuando unos guardias que al parecer
la buscaban le preguntaron por ella él, haciendo caso al gesto indicativo de esta no les dijo nada.

_No señor, por aquí no ha pasado nadie_

Cuando los guardias se alejaron se sintió aliviado y satisfecho. Se había convertido en el salvador de una doncella en apuros, aunque mas bien seguramente sería una
travesura de la princesa, pero que mas daba, él la había salvado, o eso pensaría ella se dijo en aquel momento.

Hinchando pecho la busco con la mirada, ¿que tipo de agradecimiento recibiría su gesto? Pero no la vio en el rincón esperado.

Hámilton que al parecer había vuelto para conversar con él como tantas otras noches ya hizo, ese preciso día entró por la puerta de atrás sin que Jon se percatara,
viendo el engaño.

El gran caballero sostenía a la princesa, que en sus brazos forcejeaba.

¿Por que estás tan asustada? En ese momento, recordaba a menudo fue una de las cosas que lo hicieron dudar de lo que en realidad estaba pasando. Que solo era una
chiquillada de princesa mimada.

_ ¡¿Como osas escudero?! Traidor_ Y las duras palabras de Hamilton que cambió su gesto siempre amable con él a uno lleno de heladora furia lo encogieron hasta
convertirlo en el mas pequeño ser.

Podría haber encontrado destino peor, pero hamilton, a pesar del enfado y decepción evidentes en la cara que siempre le había mostrado orgullo pidió clemencia,
por lo que el castigo fue exiliarlo con la mayor de las vergüenzas.

Él sabía que ese día decepcionó a todos. Eso era lo que más lo atormentaba, su familia deshonrada, por lo que en el presente aun se maldecía.

_ Nunca tendrás la oportunidad de convertirte en caballero, y serás expulsado del reino con el mayor de los deshonores. Pero no solo tú cargaras con tal deshonra,
también lo hará tu familia que todos y cada uno de los miembros de ella que porten algún honor de caballero les será retirado.

Da gracias por seguir vivo_ Ese fue el decreto, y lo último que recibió del reino que creyó le daría tanto honor.

Jon vivió apartado en el exilio 10 años, y por su propia mano murió en lo que duraron esos 10 años convirtiéndose en un hombre llamado Liam, para volver a su antiguo
hogar como Liam el mercenario a la edad de 25 años.

Él ya no servía al rey con la lealtad del futuro caballero, pero sus trabajos eran bien pagados por él convirtiéndose en un asiduo visitante en el castillo.

En esas visitas lograba cruzarse de vez en cuando con la culpable de su desdicha, la princesa Lizabeth.

Nunca había entablado conversación con ella, solo le dedicaba descaradas miradas de vez en cuando correspondidas por la joven.

Seguía hermosa, tan hermosa que embelesado aun estaba por sus encantos y porque no, por su fortuna.

Liam solo deseaba una cosa desde que regreso a lo que fue su hogar, hacer suya a la princesa culpable de su vergüenza, así sería pagado el pasado, compensando los años
de deshonor con lo que ansiaba más que nada, la gloria.

¿Y que había mas glorioso que casarse con la bella hija de un rey?

¿Descabellado e inalcanzable siendo un simple mercenario? No a pesar de lo que pudiera parecer un comunicado se había hecho hace 3 días.

Decretaba:

La bestia que hace 10 años asoló las inmediaciones del castillo asesinando a infinidad de personas a sido vista recientemente en la parte sur del bosque Regis.

Se ofrecerá honor gloria y fortuna a quien logre matarla y traer su cabeza ante el rey.

Era bien sabido por todos ya que las leyendas sobre la bestia contaban que era la asesina de muchos. Una criatura horrible que odiaba al hombre y años atrás atacó gran parte de la ciudad logrando matar a gran cantidad de aldeanos.

No hace mucho Liam supo que ese día Hamilton fue asesinado por ella, un incentivo mas para matarla junto con la fortuna y el honor que prometían al que consiguiera
la cabeza del monstruo. Sería una gran apuesta para lograr su meta.

Se decía que una bruja maldita controlaba a aquella bestia. Que la bruja había jurado venganza a la corona con la muerte de la princesa Lizabeth, de ahí la desesperación del rey.

Todo el que entró en las entrañas del bosque con intención de dar caza a la bestia nunca volvió; la caza ya duraba demasiados años sin que el monstruo fuera muerto,
y los caídos eran demasiados.

Provocaba tanto pánico que casi nadie se atrebía a entrar en aquellos bosques que se comentaba, estaban controlados por la bestia. Por lo que no muchos se dejaban llevar por la codicia, no cuando creían que intentar matar a aquel ser implicaba una muerte segura.

Y ahí estaba Liam, dispuesto a matar al monstruo. Recibir el prometido regalo era incentivo suficiente.

Después de tres días a caballo y otros cuatro a pié una vez llegó al gran bosque, Liam se dispuso a pasar otra solitaria noche a la intemperie.

Acostumbrado por los años de rastreo en tierras inhóspitas y salvajes ya casi nada solía perturbarlo, y como si el empedrado suelo fuese un colchón de plumas
durmió toda la noche despertando de madrugada para seguir su camino con disciplina mecánica.

Así pasaron 2 días más hasta que vio el primer rastro. Tal vez la bestia, tal vez no, pero algo estaba claro, era un rastro nuevo para él por la extrañeza de este,
así la duda de seguirlo no ocupo lugar en su mente.

El rastro desapareció en un río, por lo que siguió el transcurso hacia el sur, que era donde decían fue vista por última vez, y unas cuantas horas después volvieron a ser visibles las enormes huellas.

A Liam le pareció aterrador y excitante el tamaño que a juzgar por las huellas debía tener el animal que perseguía haciéndole hervir la sangre, y aligeró el paso.

Ojos abiertos de asesino y sonrisa de cazador ansioso acompañaban sus pasos largos y acompasados, y lo inesperado pasó. El cazador fue cazado.

En lo profundo de un hoyo se encontró con una caña puntiaguda clavada en su pierna que sangrante ardía en inmenso dolor callado por un instinto superviviente que le gritaba, silencio.

A su alrededor innumerables puntas se alzaban, una cama de muerte asombrado por su suerte con terror observaba.

Escuchó un crujido en lo alto de aquella trampa que lo desvió de las terribles compañeras que piadosas le habían perdonado la vida, y apretados los dientes, con mirada de animal salvaje esperó que llegara la muerte. Gesto que tornó en inconcebible expresión retorcida al ver lo que en lo alto lo observaba. Era lo mas aterrador que jamás había visto.

Ojos de iris pigmentado en rojo escudriñaban.

Olía a sangre, estaba claro, aquella cosa no dudaría, lo destriparía y convertiría en su cena.

Pero aun sabiendo que la muerte estaba cerca no dejo de mirarla, Liam no podía apartar su vista de aquel impresionante monstruo que observando con orejas alzadas parecía intentar encontrar la forma de alcanzarlo.

_ ¿Tu no habrás hecho esta trampa?_ Hablo a la cosa aterrado pero descarado, _ no, claro que no. Esto lo hicieron para ti, seguro. Y yo, estúpido de mí, he caído en la trampa dirigida a una bestia sin cerebro_ La sonrisa del mercenario tan acostumbrado a la vergüenza fue amarga dejando tras ella un silencio sepulcral.

La bestia detuvo su paso en respuesta. Ladeó la cabeza en gesto de perro pensante contemplándolo con penetrantes ojos.

Reculó y volvió a lo alto del hoyo, parecía dudar, eso pensó Liam al verla.

_ ¿Que te pasa, tienes miedo?_ Y rió con desesperación contenida. Ya estaba bien de tantas dudas.

El monstruo era como un gran lobo, gigantesco y de color negro en el que dos brillantes ojos rojos de mirada fija y extremadamente abiertos eran separados por una gran cicatriz que le partía la cara.

Tal vez hecha por hamilton el día que lo mató, pensó Liam entre la impotencia, la ira, y la desesperación que sentía al verla ahí parada observarlo.

Seguro que fue Hamilton el que hundió su espada en la cara del monstruo que lo miraba, Y lleno de cólera por tal pensamiento gritó.

_ ¡¿No eres un monstruo asesino?! ¡¿Pues que haces ahí parada bestia?! ¡¿Que haces que no me matas?! ¡¿Es que ni para eso soy bueno?!_ Y surcado en lágrimas se desmayó ahí mismo, hundido en su propia sangre.

En caliente suelo se sintió yacer. Con ojos cerrados alargó un brazo notando en la palma de su mano una cálida piel de suave pelo, y repentinamente el terror le volvió a la mente.

La bestia, ¿donde estaba la bestia?

Con abiertos y aterrados ojos vio su mano posada en el pecho del monstruo que dormido a su lado se encontraba, y pronto se levantó cual resorte.

Quieto de pie observó a la bestia placida y durmiente.

No existió respuesta posible en su mente, pero ahí había estado, durmiendo junto al aterrador demonio precedido de leyendas horrendas.

Entonces recapituló. La herida. La sangre.

Bajó la mirada, observó la pierna en sus recuerdos terriblemente dañada totalmente sana, y con el principio de un grito que el miedo de despertar a su compañera de cama silenció rápidamente, continuó en su mente:

¿Como era posible?, pensó, aquella herida era de muerte.

_ No… No puede ser_

Busco su espada temblando como una hoja a merced del viento racheado sin suerte. Decidió entonces correr, huir como cobarde conejo declinando la ocurrencia de inmediato.

No sabía donde se encontraba. Había sido llevado allí inconciente. Moriría perdido en aquel gran bosque antes de encontrar la salida. ¿Pero si por no tener no llevaba ni su armadura?

Realmente patético, pensó.

Volvió a poner toda la atencion en el monstruo y un latido casi lo mata del susto al observar que la bestia despierta con enormes ojos lo miraba.

Dio un paso atrás.

Despacio, ve despacio. Tranquilo Liam, por dios estate tranquilo, no la fastidies, era lo único que por su cabeza pasaba.

Terror no, horror infinito le recorrió el cuerpo.

Sin sus armas se sentía como la nada. Ínfimo. Tan poca cosa. Débil como un piojo.

_ Me has despojado de lo único que me da algo de dignidad.

¡Mirame bestia inmunda! ¡Mira mi inútil cuerpo y mi verdadera insignificancia, será lo único que recibas, porque no escucharás mis suplicas!_

El gran monstruo nuevamente ladeó la cabeza con alzadas orejas, aunque esta vez no reculo, su paso fue hacia delante con nariz al frente en movimiento olfativo.

Liam no corrió, ¿para que correr? ¿A caso serviría de algo?

Cerró los ojos esperando a la muerte, equivocándose una vez más.

La muerte no llegó, en vez de colmillos hundiéndose en su carne sintió el grácil y húmedo cosquilleo de una nariz curiosa. Y cuando abrió sus ojos vio la gran cabeza de la bestia acompañada de unos ojos entornados de largas pestaña.
Repentinamente la palabra monstruo, demonio, bestia, dejo de tener significado, y casi sin pensarlo una caricia se escapo de su mano. Gesto que hizo que de sus ojos salieran lagrimas escapadas, con lo que sintió la mayor vergüenza, más que cualquier otra pasada.

¿Como había llegado a esto? ¿Como alguna vez pensó en matar algo tan puro? y arrodillado cayó dando gracias por seguir vivo.

El animal hizo que Liam lo siguiera. Despacio y parándose de vez en cuando para observar que era seguido por él lo esperaba cuando veía que quedaba rezagado. Liam no había comido nada en casi 2 días, y estaba exhausto.

Mientra seguía al gran lobo se percató de algo, en contra de lo que creyó hasta ese momento, el animal no era él si no ella. Era una hembra.

_ Así que eres señorita_ Comentó sin esperar atención por parte de su extraña acompañante.

La bestia volvió a mirarlo repitiendo el gesto que hasta ese momento habían provocado sus palabras.

Ladeó la cabeza con las orejas alzadas haciéndo que se sintiera alagado.

Aquel animal hacía lo que en muchos años nadie intentó, intentar comprenderlo.

_ Eres una dama educada. Demasiado refinada para estos bosques, me parece._ Lo dijo con amplia sonrisa ante una atenta mirada escarlata. Observación que duró unos minutos hasta proseguir la marca.

Llegaron al río, y supo entonces que allí se despedirían.

Solo tenía que seguir el curso hasta llegar a un lugar conocido que lo conduciría a la ciudad. No había pérdida, y ella lo sabía. Parecía una locura, pero aquel animal lo sabía, de alguna forma estaba seguro.

La loba se alejó silenciosa bajo la atenta mirada del mercenario, que mientras la veía alejarse tocaba su pierna que debía estar herida teniendo la total convicción de haber conocido un milagro.

Y mentalmente dijo adiós. Adiós bella dama y gracias. Gracias por cuidar de mí y dejarte acompañar por este insignificante ser impuro, que hace mucho dejó de merecer algo.

Un año después de la experiencia Liam no había cambiado demasiado a ojos ajenos, pero si hubieran intentado escarbar lo suficiente podrían haberse dado cuenta de que un cambio si que existía en él.

Todo seguía más o menos inalterable. Sin cambios a la vista, solitario y poco refinado en sus ideales, pero con una meta situada en un camino distinto.

La gloria del orgullo perdido quedaba ya en un mero recuerdo, ahora el fin no lo justificaba todo.

Después de conocer tan mágica criatura, y de ser salvado por ella, no se quedaría quieto ante las mentiras de quien deseaba la muerte de lo que tenía la convicción, no debía morir a manos de ningún hombre.

Sabía que algo y no su discutible justificación buscaban tras la cortina de humo que proclamaba venganza.

Ese ser poseía un inimaginable poder, lo había experimentado en sus carnes, así que no se conformaba, algo querían de ella. Algo más que matar a un monstruo asesino.

En alguna ocasión se vio tentado a regresar a los bosques que ese día lo condujeron a la criatura, tentación siempre desechada contradiciendo al casi irrefrenable deseo. No permitiría que un egoísta capricho pusiese en peligro al mágico animal que salvó su vida, se imponía con dignidad de caballero mientras observaba en dirección al castillo.

Con pensamientos secretos y convicción bien definida ahora veía aquel escudo de exhibida corona con otros ojos a como antaño lo hacía cuando era esa persona deseosa de formar parte de su gloria.

Una noche pasó lo que ya creía no pasaría, oyó algunos comentarios en el castillo.

No había dejado del todo los trabajos para el rey, le resultaba bastante propicio entrar al castillo de vez en cuando por días como este.

Se comentó, se decía, que la bestia había sido capturada viva, y que en las mazmorras, presa la escondían.

Los años de escudero al final le servirían para algo más que ocultar su verdadero nombre, conocía ese castillo lo suficiente como para llegar a las celdas sin ser visto. Aunque no fuese cierto el rumor, que sería lo mas probable, puros chismes infundados seguramente, debía asegurarse de ello.

El castillo se hallaba en lo alto de una dura montaña de enormes piedras junto al mar, y bajo esas mismas aguas una estrecha cueva con enrevesados canales surcaba la tierra dura a sus pies.

Primero debías saber que agujero seguir, el bueno te llevaba al interior de una cavidad mas ancha donde una burbuja de aire se formaba, ahí debías oxigenarte para poder continuar.

Eran muchos los túneles, y fácil perderse consiguiendo una muerte segura, pero Liam conocía muy bien esas secretas galerías.

Siempre había sido curioso y osado, no era, ni si quiera ahora lo era, de los prudentes que pensaban en consecuencias. Así que ahí estaba, empapado y recuperando fuerzas en el interior de la piedra bajo el profundo mar.

Ya estaba en la burbuja de aire cerciorándose de no errar camino; habían pasado algunos años.

Le gustaba aquella sensación. La sensación de desafiar y controlar a la propia muerte.

En momentos así era cuando la excitación lo llevaba a la sensación de un estado de inhumano poder, llenando su cuerpo de la adrenalina necesaria para llevar a cabo la hazaña.

Y si, ahí seguía la entrada. Por lo visto no se habían percatado del pequeño agujero incluso después de tantos años, así que todo estaba como lo dejó.

En cierto modo no lo sorprendió, ese acceso daba a la parte mas antigua del castillo.

Se usó en tiempos remotos, y abandonada desde hacía mucho nadie ya echaba cuenta de ella. Pareció por un momento saludarlo y sonreír como habiendo echado de menos la compañía que el que está solo añora.

Era una vieja e inútil mazmorra sin uso contigua a la que si utilizaban, en la cual comentaban, estaría presa la bestia.

Liam entró al castillo impulsándose con los brazos y por un momento creyó no poder entrar.

Su tamaño no era el de antaño, lo cual casi lo deja atascado pasándose por su cabeza en tan critico momento una muerte demasiado ridícula que consiguió evitar con mas trabajo de lo esperado, y con un solitario recibimiento avanzo hasta el exterior dirigiéndose a la mazmorra husada con cuidado.

Tuvo que esconderse de unos pocos guardias, era de madrugada y a esas horas era cuando menos vigilancia solía haber por allí y Liam lo sabía muy bien. Pero si ahí estaba algo tan importante como la bestia que tantos años necesitaron para capturar, ¿no era mas lógico que la vigilancia fuese aumentada? Eso lo hizo casi estar seguro de que allí no encontraría nada de interés, aun así continuó ya que estaba no se quedaría a medias.

La enorme mazmorra se encontraba bacía o eso parecía cuando comenzó a caminar por ella, y no entendió nada.

No es que esperara encontrar lo que buscaba pero, ¿las celdas vacías? eso no era normal en absoluto.

Recorrió los grandes e interminables pasillos y nada. Ahí no había nadie, así que decidió dar media vuelta e irse después de un rato de nadas y mas nadas, pero un sonido lo detuvo.

Un poco mas adelante una de las jaulas parecía lamentarse. Desde luego no era la bestia, ese llanto sin duda se escuchaba humano.

La curiosidad empezó a empujarlo, y su asombro fue mayúsculo cuando al llegar, en la última y mas grande celda vio a una sola persona.

Era una chica que totalmente desnuda y negra melena en la esquina mas profunda lloraba desconsoladamente.

Abrazaba sus piernas como una niña abrazaría a su muñeca mas querida, posición que no lo dejaba ver su cara. Aun así se sintió incapaz de ignorarla.

¿Como podría ignorar un llanto tan sumamente triste? Y acercando la cabeza hasta notar con la frente el frío de los barrotes intentó verla mejor, y la chica, aún llorando, sorprendiéndolo, levantó la cara.

Liam notó como si su corazón desgarrándole el pecho trepara hasta encajársele en la garganta.

_ ¡¿Pero que…?!_ gritó a la vez que un traspiés de sus piernas repentinamente inestables casi lo tiran al suelo.

La chica se puso en píe acercándose a él lentamente con inquisitiva mirada.

Ojos de un rojo vivo como dos brillantes faros lo observaban en una cara surcada por cicatriz conocida, y ese instante fue aterrador a la vez que mágico.

Obscenamente mágico, porque tras el pequeño instante quedó el regusto amargo de quien es testigo del estado mas puro de la pena. La de aquellos ojos de extraño color que entre lágrimas con profundidad lo miraban.

Liam esperó; por un momento quedó estupefacto y sin palabras, viendo como ella caminaba hacia él.

Caminó hasta llegar al lugar en donde no pudo avanzar más y apretó los barrotes con sus manos.

La chica seguía observando silenciosa, y a Liam se le escapó un pequeño y obsceno impulso.

Bajó la mirada viendo con mayor claridad la desnudez que no parecía avergonzar a la mujer que frente a él se encontraba, y rápidamente volvió a elevar la vista con el rubor apareciendo fugazmente en su rostro.

La muchacha estaba al grosor de un barrote de distancia y absorto comenzó descarado a escudriñar su cara.

Además del desaliño y de la terrible cicatriz que le dividía la cara, estaba lo mas desconcertante, sus ojos.

Ese color no existía en el mundo humano. ¿Tal vez era una bruja? empezó a cavilar, pero algo mas que un color lo confundía. Esa forma de actuar totalmente desinhibida, le pareció como un animal en cierto modo.

Pensó en darle su jersey avergonzado por el hecho de no haberlo pensado antes para taparla, aunque fuese mas por él que por ella que parecía no importarle el no llevar prenda alguna, pero desdeñó ofrecérselo de inmediato al tocar la tela de su ropa, que fue cuando se dio cuenta que aún estaba mojada.

_ ¿Y que hago ahora?_ Preguntó en un pensamiento escapado sosteniendo la mirada que ella no le apartaba.

_ ¿Que hago aquí?_ En un acto inesperado, la chica preguntó con clara voz.

A Liam lo dejo momentáneamente en silencio hasta segundos después que logró acertar que decirle.

_ No… No tengo idea alguna. Solo buscaba a un gran lobo y fue a ti a quien allé.

Parecerá de un demente pero, Te asemejas un poco a ella_

_ ¿A ella?_ recelosa preguntó la chica.

Liam alargó un poco el brazo y con el dedo índice perfilo la cicatriz que el rostro de la muchacha aterradora lucía.

_ Si, una loba negra de extraños ojos con una cicatriz partiendo su cara exactamente igual a esta_ Respondió sintiéndose algo ridículo por la estupidez dicha.

La muchacha inmediatamente puso las manos en donde el había tocando y comenzó a hablar con sobrio gesto.

_ Una vez tuve ojos azules. Una vez mi cara ni rastro de esta cicatriz tenía. Una vez fui hermana e hija. Y una vez fui una sola alma_

Liam quedó perplejo, no entendió nada de lo que dijo cuando una imagen empezó a tomar forma en su mente, en parte consecuencia de lo que parecieron dementes palabras.

Aquella cara. El rostro de aquella mujer que tenía en frente hablándole con extrañezas de loca comenzó a serle demasiado similar a otro muy conocido por todos.

Tal vez recogiéndole el pelo en fastuoso moño, pensó, vistiéndola con vestido vistoso, volviendo sus ojos azules como el cielo y haciendo desaparecer esa cicatriz horrible.

¿Acaso estaba volviéndose loco? esa cara se parecía mucho en cierta manera a la de Lisabeth, la hija del rey, y princesa del reino.

Liam no escatimó mostrando su asombro consecuencia del reciente descubrimiento.

_ ¿Pero que está pasando aquí?_ Logró decir al fin con irritado desconcierto.

_ Solo soy alguien que nadie desea ver, nada más._ Respondió la chica, que acercándose nuevamente a los barrotes continuó hablando.

_ Si quieres ver al lobo podrás hacerlo cuando se esconda la luna. Hoy la luna está llena, por eso ves este cuerpo_

_ ¿Que? ¿Acaso estás loca?_ Liam no podía estar mas desconcertado.

Notó una mano que le tocaba el pecho. La chica había agarrado su ropa y Liam sintió un súbito deseo de ignorarla e irse. Aun así no lo hizo, la curiosidad venció a la lógica, y continuó escuchando aunque con demasiadas dudas mientras pensaba; esperare hasta que se oculte la luna. Se sintió algo estúpido, pero a la altura en la que estaba, ¿que mas podía perder? Esa era su lógica.

_ Cada vez que duermo suelo tener siempre el mismo sueño_ La chica empezó una especie de cuento_ En mi sueño corro para salvar mi vida. Corro. Corro. Corro. Y tras de mí dejo muerte, la de mí ser mas querido.

El terror es tan grande que en mi pecho, como un martillo clava púas, porque por mucho que corro, nunca consigo alejarme lo suficiente._ Liam siente mientras escucha la mano de la joven temblar apretada en su pecho al agarrando la tela fuertemente. _Con la desesperación de quien se sabe atrapado y muerto recurro a un escondite, el último e inútil acto; los enemigos son muchos. Demasiados, pero no me rindo.

Elijo una cuadra en mi huida que supongo está vacía, pero no es así, en ella se encuentra un joven. El chico que ve en donde me escondo_ El gesto del mercenario se torna en atenta sorpresa mientras la mujer relata, con lo que él sigue escuchando sin decir nada_ En mi desesperación le hago un gesto suplicándole silencio con la absoluta certeza de lo inútil de este. El chico me delatará, es lo que pienso en mi sueño.

Me siento perdida, un guardia entra y le pregunta al muchacho si me ha visto y rezo, suplico entre llantos por algo de piedad. Por una pizca de bondad, cuando escucho al chico negar haberme visto pasar_ La mano de Liam agarró repentinamente el brazo de la mujer callándola de inmediato.

Ella respondió mirándolo expectante y sin temor.

_ ¡¿Pero que bazofia estas diciendo?!_ La cara del hombre era toda una declaración de guerra. _ ¡Contesta!_ Dictaminó_ ¡¿Quien eres, una bruja?! ¿Es cierto lo que dicen? ¿Eres un demonio que vuelve loca a la gente?_ El silencio de la joven desató aun mas furia_ ¡Contéstame mujer!_ Y agarró con mas fuerza su brazo, acto que tuvo respuesta.

_ Provocar dolor nunca te será suficiente. Nunca lo es_ La muchacha dijo. Palabras que hicieron que Liam inmediatamente la soltara.

_ No se si soy una bruja, un demonio, un monstruo. No se si soy real o tan ficticia como un sueño. Tal vez solo esté loca_ El dolor comenzó a verse nuevamente en el rostro de la muchacha_ Lo único que se es que esa niña fue protegida por ti. Tú fuiste el único entre muchos que quiso proteger su vida. Así que en nombre de ella te digo, estamos en paz.

No creas que me debes algo por lo sucedido en el bosque. Así que vete._

Liam vio como la chica se alejaba hasta colocarse en medio de la celda e intentó agarrarla para impedirlo.

_Conocí a alguien que creció en este mismo castillo_ comenzó nuevamente a relatar la muchacha_ solo que en una zona en la que pocos entraban. Casi nadie conocía su existencia.

Su madre cuidó de ella con ternura, siendo la única persona que realmente le dio amor.

Por lo visto el rey dictamino que nadie más que los pocos que estaban al tanto del nacimiento de la niña supieran de ella ya que no podía haber dos princesas con el derecho a la sucesión_

_ ¿Dos princesas?_ Interrumpió Liam aferrado a los barrotes.

La chica lo miro seria y digna como respuesta a la intrusión, y continuó haciendo hablando.

_ La reina debía tener un varón para que el encierro de su hija acabara.

Yo como madre engendraré un hijo varón y te salvaré de esta vida maltratada, le decía a menudo a la niña.

Pero eso no sucedió nunca, el rey nunca tuvo hijo varón, ni con su reina, ni con amante alguna. por lo que el destino de la niña quedó sentenciado a un encierro perpetuo.

Solo estas 2 hijas tuvo, las gemelas Lizabeth y Queena_ Liam comenzó a tomar enserio lo relatado, pues el parecido era mas que evidente.

_Después de un tiempo,_ Continuó la muchacha_ la segunda de sus hijas, y que seguían manteniendo encerrada, fue cada vez mas ignorada, casi no era alimentada y su madre, la única persona que veía dejó de visitarla, al parecer había muerto de alguna enfermedad incurable.

Desesperada, sin siquiera una ventana por la que ver la luz del sol, la tristeza que poco a poco se fue con los años apoderandose cada vez más de ella la dejó apenas sin alma. Convertida en un cascarón que vacío, esperaba que la muerte se la llevara. Entonces un día lo oyó.

Era el aullido de un lobo que parecía salir de la sala que se encontraba al lado de la suya.

Comenzó a hablar en voz alta para que el animal la escuchara, empezó a sentir que el encierro los unía de alguna forma, sintiéndose menos sola al escuchar como este arañaba la pared cada vez que la escuchaba, pero al 4º día el lobo dejo de escucharse y quedó sola de nuevo._

_el cuerpo de un enorme lobo negro se encuentra disecado en una de las salas mas lujosas del castillo_ Volvió a interrumpir Liam intentando encontrar sentido a lo que escuchaba.

La chica continuó después de una pequeña pausa como si no lo hubiera escuchado_ Ese 4º día nací yo_ Los ojos del hombre se abrieron como platos_ y tuve por primera vez el sueño que siempre se repite_

Liam dio un paso atrás sin saber del todo lo que en ese momento sentía, y el sol comenzó a asomar tenue por la única ventana, pequeña y atravesada en resistentes barrotes de la celda.

Entonces comenzó a suceder lo que la chica dijo pasaría y que aun viéndolo no podía creer.
Mientras pasaba, él gritó en desesperada llamada.

_ ¡Espera! ¡Queena! ¡Queena! ¡Dime si sigues viva! ¡¿Aun estás ahí dentro?! ¡Se que si lo estás! _ acabando con una suplica susurrada sabiendo que no obtendría la respuesta deseada.

_ Por favor, si aun sigues viva dímelo. Dime si fuiste tú quien salvó mi vida aquel día_

En medio de esa transformación, aunque la forma humana no había desaparecido del todo, lo supo. Supo que ella ya no podía entenderlo. Que sus palabras eran escuchadas como un mero sonido sin sentido.

Lo que había frente a él que un año atrás creyó mágico, ahora le parecía tétrico, oscuro, provocando una pena que creyó no volvería a sentir nunca.

No era la rabieta de una princesita mimada lo que lo condujo a esta vida despojada, fue el verdadero terror de una chica la que le pidió ayuda esa noche. Y por un momento la vergüenza dejó de ser tal. Este presente inesperado comenzaba a ser algo diferente a lo que creyó era. Comprendió por primera vez en su vida que hizo lo que tenía que hacer, y una pequeña bocanada de orgullo recorrió sus pulmones inmediatamente evaporada por un pensamiento mas fuerte. El pensamiento indiscutible de que a pesar de todo Queena no fue salvada.

La bestia dejó atrás el cuerpo humano que hace unos minutos ahí mismo se encontraba.

_Así que como dijiste realmente eras tu la bestia_ Afirmó más para sí, habiendo comprendido ya lo inútil de las palabras.

El animal volvió a ladear la cabeza, y Liam se echó a reír con amargura agarrada en la garganta, porque por un momento creyó en la posibilidad de que fuera Queena, que dentro de ese enorme cuerpo intentaba entenderlo. Y ahí se quedó mirando con la impotencia clavada en los ojos.
No podía seguir allí por mas tiempo si no quería ser descubierto, y a pesar de saberlo le costó un mundo irse.

Todo lo descubierto que aquel ser inconcebible guardó tantos años para si resultó tan asombroso que alejarse sin más era lo que menos deseaba hacer, pero aun así eso hizo.

La sonrisa de Julia-El hombre que olvidó su nombre—> Ábreme.

Bueno, como esto se me alargó más de lo esperado, me he decidido por hacerlo en dos partes, así que os dejo la primera sin saber aun como acabarla

A ver que os parece 

 Cuidaos. 

El mercenario y la bestia- 2ª parte —>https://1111ana.wordpress.com/2011/06/04/el-mercenario-y-la-bestia-2%C2%AA-parte-final/