EL MERCENARIO Y LA BESTIA. — 1ª PARTE —

Liam, después de innumerables batallas y trabajos a sueldo bien pagados se sabía como el mejor mercenario del lugar.

Un cuerpo ducho en las armas; puro musculo precedido de una mirada asesina que a todos era capaz de helar la sangre, y la técnica del guerrero mas letal. Ese era Liam, o eso era lo que todos veían en una superficie, no dejaba que nadie se acercara lo suficiente como para ver lo que en realidad era. Porque Liam nunca eligió tal destino.

El siempre quiso ser caballero, el mejor solía proclamar de niño cuando aun no era más que un escudero con prometedor futuro.

_Seré el mejor caballero del rey_

Con tan solo 11 años ya era el escudero del primer caballero, Hamilton la fortaleza.

Hamilton era fiero pero a la vez frío y calculador en la lucha y el mejor.

Liam, que por aquel entonces Jon era su nombre, aprendió mucho de él. Aprendizaje que en su inesperado futuro lo había convertido en el mejor asesino.

Jon fue un niño precoz, adiestrado duramente desde que no era más que un niño de 4 años.

Nieto, hijo, y hermano de caballero lo habían convertido en la espada mas perfectamente forjada en su presente aunque no fuese como orgulloso caballero, y a la vez,
en la mayor de las decepciones para quien fue su familia, de la que desde hacía bastantes años no sabía nada.

Mercenario, ¿como había llegado a tal destino con la gloria que le esperaba en la vida?

Recordaba en innumerables ocasiones el acto de un fatídico día. Una acción errónea de la cual se arrepentía y sabía, se arrepentiría de por vida, lamentando su pasada
conciencia.

Recién cumplidos los 15 años, demasiado joven e impulsivo, o tal vez las hormonas del que comienza a ser hombre jugaron ese día en su contra, intentaba encontrarle el
sentido en demasiadas ocasiones sabiendo la inutilidad de las escusas, él solía quedarse hasta tarde en las cuadras, si quería ser el mejor caballero debía comenzar
por ser el mejor escudero, ese era su lema por aquel entonces.

Aquella fatídica noche, la princesa Lizabeth cruzó la puerta de las cuadras.

Tras acurrucarse escondida junto a un barril en el rincón mas oscuro; a Jon le pareció realmente asustada y extrañamente desarreglada dejándolo desconcertado.
La chica a la vez que lo miraba levantó su dedo índice y se lo puso en los labios dirigiéndole el gesto de silencio.

Jon se quedó estatico, siempre había visto a la princesa de lejos, y era tan guapa. Tanto que quizás lo hipnotizó, porque cuando unos guardias que al parecer
la buscaban le preguntaron por ella él, haciendo caso al gesto indicativo de esta no les dijo nada.

_No señor, por aquí no ha pasado nadie_

Cuando los guardias se alejaron se sintió aliviado y satisfecho. Se había convertido en el salvador de una doncella en apuros, aunque mas bien seguramente sería una
travesura de la princesa, pero que mas daba, él la había salvado, o eso pensaría ella se dijo en aquel momento.

Hinchando pecho la busco con la mirada, ¿que tipo de agradecimiento recibiría su gesto? Pero no la vio en el rincón esperado.

Hámilton que al parecer había vuelto para conversar con él como tantas otras noches ya hizo, ese preciso día entró por la puerta de atrás sin que Jon se percatara,
viendo el engaño.

El gran caballero sostenía a la princesa, que en sus brazos forcejeaba.

¿Por que estás tan asustada? En ese momento, recordaba a menudo fue una de las cosas que lo hicieron dudar de lo que en realidad estaba pasando. Que solo era una
chiquillada de princesa mimada.

_ ¡¿Como osas escudero?! Traidor_ Y las duras palabras de Hamilton que cambió su gesto siempre amable con él a uno lleno de heladora furia lo encogieron hasta
convertirlo en el mas pequeño ser.

Podría haber encontrado destino peor, pero hamilton, a pesar del enfado y decepción evidentes en la cara que siempre le había mostrado orgullo pidió clemencia,
por lo que el castigo fue exiliarlo con la mayor de las vergüenzas.

Él sabía que ese día decepcionó a todos. Eso era lo que más lo atormentaba, su familia deshonrada, por lo que en el presente aun se maldecía.

_ Nunca tendrás la oportunidad de convertirte en caballero, y serás expulsado del reino con el mayor de los deshonores. Pero no solo tú cargaras con tal deshonra,
también lo hará tu familia que todos y cada uno de los miembros de ella que porten algún honor de caballero les será retirado.

Da gracias por seguir vivo_ Ese fue el decreto, y lo último que recibió del reino que creyó le daría tanto honor.

Jon vivió apartado en el exilio 10 años, y por su propia mano murió en lo que duraron esos 10 años convirtiéndose en un hombre llamado Liam, para volver a su antiguo
hogar como Liam el mercenario a la edad de 25 años.

Él ya no servía al rey con la lealtad del futuro caballero, pero sus trabajos eran bien pagados por él convirtiéndose en un asiduo visitante en el castillo.

En esas visitas lograba cruzarse de vez en cuando con la culpable de su desdicha, la princesa Lizabeth.

Nunca había entablado conversación con ella, solo le dedicaba descaradas miradas de vez en cuando correspondidas por la joven.

Seguía hermosa, tan hermosa que embelesado aun estaba por sus encantos y porque no, por su fortuna.

Liam solo deseaba una cosa desde que regreso a lo que fue su hogar, hacer suya a la princesa culpable de su vergüenza, así sería pagado el pasado, compensando los años
de deshonor con lo que ansiaba más que nada, la gloria.

¿Y que había mas glorioso que casarse con la bella hija de un rey?

¿Descabellado e inalcanzable siendo un simple mercenario? No a pesar de lo que pudiera parecer un comunicado se había hecho hace 3 días.

Decretaba:

La bestia que hace 10 años asoló las inmediaciones del castillo asesinando a infinidad de personas a sido vista recientemente en la parte sur del bosque Regis.

Se ofrecerá honor gloria y fortuna a quien logre matarla y traer su cabeza ante el rey.

Era bien sabido por todos ya que las leyendas sobre la bestia contaban que era la asesina de muchos. Una criatura horrible que odiaba al hombre y años atrás atacó gran parte de la ciudad logrando matar a gran cantidad de aldeanos.

No hace mucho Liam supo que ese día Hamilton fue asesinado por ella, un incentivo mas para matarla junto con la fortuna y el honor que prometían al que consiguiera
la cabeza del monstruo. Sería una gran apuesta para lograr su meta.

Se decía que una bruja maldita controlaba a aquella bestia. Que la bruja había jurado venganza a la corona con la muerte de la princesa Lizabeth, de ahí la desesperación del rey.

Todo el que entró en las entrañas del bosque con intención de dar caza a la bestia nunca volvió; la caza ya duraba demasiados años sin que el monstruo fuera muerto,
y los caídos eran demasiados.

Provocaba tanto pánico que casi nadie se atrebía a entrar en aquellos bosques que se comentaba, estaban controlados por la bestia. Por lo que no muchos se dejaban llevar por la codicia, no cuando creían que intentar matar a aquel ser implicaba una muerte segura.

Y ahí estaba Liam, dispuesto a matar al monstruo. Recibir el prometido regalo era incentivo suficiente.

Después de tres días a caballo y otros cuatro a pié una vez llegó al gran bosque, Liam se dispuso a pasar otra solitaria noche a la intemperie.

Acostumbrado por los años de rastreo en tierras inhóspitas y salvajes ya casi nada solía perturbarlo, y como si el empedrado suelo fuese un colchón de plumas
durmió toda la noche despertando de madrugada para seguir su camino con disciplina mecánica.

Así pasaron 2 días más hasta que vio el primer rastro. Tal vez la bestia, tal vez no, pero algo estaba claro, era un rastro nuevo para él por la extrañeza de este,
así la duda de seguirlo no ocupo lugar en su mente.

El rastro desapareció en un río, por lo que siguió el transcurso hacia el sur, que era donde decían fue vista por última vez, y unas cuantas horas después volvieron a ser visibles las enormes huellas.

A Liam le pareció aterrador y excitante el tamaño que a juzgar por las huellas debía tener el animal que perseguía haciéndole hervir la sangre, y aligeró el paso.

Ojos abiertos de asesino y sonrisa de cazador ansioso acompañaban sus pasos largos y acompasados, y lo inesperado pasó. El cazador fue cazado.

En lo profundo de un hoyo se encontró con una caña puntiaguda clavada en su pierna que sangrante ardía en inmenso dolor callado por un instinto superviviente que le gritaba, silencio.

A su alrededor innumerables puntas se alzaban, una cama de muerte asombrado por su suerte con terror observaba.

Escuchó un crujido en lo alto de aquella trampa que lo desvió de las terribles compañeras que piadosas le habían perdonado la vida, y apretados los dientes, con mirada de animal salvaje esperó que llegara la muerte. Gesto que tornó en inconcebible expresión retorcida al ver lo que en lo alto lo observaba. Era lo mas aterrador que jamás había visto.

Ojos de iris pigmentado en rojo escudriñaban.

Olía a sangre, estaba claro, aquella cosa no dudaría, lo destriparía y convertiría en su cena.

Pero aun sabiendo que la muerte estaba cerca no dejo de mirarla, Liam no podía apartar su vista de aquel impresionante monstruo que observando con orejas alzadas parecía intentar encontrar la forma de alcanzarlo.

_ ¿Tu no habrás hecho esta trampa?_ Hablo a la cosa aterrado pero descarado, _ no, claro que no. Esto lo hicieron para ti, seguro. Y yo, estúpido de mí, he caído en la trampa dirigida a una bestia sin cerebro_ La sonrisa del mercenario tan acostumbrado a la vergüenza fue amarga dejando tras ella un silencio sepulcral.

La bestia detuvo su paso en respuesta. Ladeó la cabeza en gesto de perro pensante contemplándolo con penetrantes ojos.

Reculó y volvió a lo alto del hoyo, parecía dudar, eso pensó Liam al verla.

_ ¿Que te pasa, tienes miedo?_ Y rió con desesperación contenida. Ya estaba bien de tantas dudas.

El monstruo era como un gran lobo, gigantesco y de color negro en el que dos brillantes ojos rojos de mirada fija y extremadamente abiertos eran separados por una gran cicatriz que le partía la cara.

Tal vez hecha por hamilton el día que lo mató, pensó Liam entre la impotencia, la ira, y la desesperación que sentía al verla ahí parada observarlo.

Seguro que fue Hamilton el que hundió su espada en la cara del monstruo que lo miraba, Y lleno de cólera por tal pensamiento gritó.

_ ¡¿No eres un monstruo asesino?! ¡¿Pues que haces ahí parada bestia?! ¡¿Que haces que no me matas?! ¡¿Es que ni para eso soy bueno?!_ Y surcado en lágrimas se desmayó ahí mismo, hundido en su propia sangre.

En caliente suelo se sintió yacer. Con ojos cerrados alargó un brazo notando en la palma de su mano una cálida piel de suave pelo, y repentinamente el terror le volvió a la mente.

La bestia, ¿donde estaba la bestia?

Con abiertos y aterrados ojos vio su mano posada en el pecho del monstruo que dormido a su lado se encontraba, y pronto se levantó cual resorte.

Quieto de pie observó a la bestia placida y durmiente.

No existió respuesta posible en su mente, pero ahí había estado, durmiendo junto al aterrador demonio precedido de leyendas horrendas.

Entonces recapituló. La herida. La sangre.

Bajó la mirada, observó la pierna en sus recuerdos terriblemente dañada totalmente sana, y con el principio de un grito que el miedo de despertar a su compañera de cama silenció rápidamente, continuó en su mente:

¿Como era posible?, pensó, aquella herida era de muerte.

_ No… No puede ser_

Busco su espada temblando como una hoja a merced del viento racheado sin suerte. Decidió entonces correr, huir como cobarde conejo declinando la ocurrencia de inmediato.

No sabía donde se encontraba. Había sido llevado allí inconciente. Moriría perdido en aquel gran bosque antes de encontrar la salida. ¿Pero si por no tener no llevaba ni su armadura?

Realmente patético, pensó.

Volvió a poner toda la atencion en el monstruo y un latido casi lo mata del susto al observar que la bestia despierta con enormes ojos lo miraba.

Dio un paso atrás.

Despacio, ve despacio. Tranquilo Liam, por dios estate tranquilo, no la fastidies, era lo único que por su cabeza pasaba.

Terror no, horror infinito le recorrió el cuerpo.

Sin sus armas se sentía como la nada. Ínfimo. Tan poca cosa. Débil como un piojo.

_ Me has despojado de lo único que me da algo de dignidad.

¡Mirame bestia inmunda! ¡Mira mi inútil cuerpo y mi verdadera insignificancia, será lo único que recibas, porque no escucharás mis suplicas!_

El gran monstruo nuevamente ladeó la cabeza con alzadas orejas, aunque esta vez no reculo, su paso fue hacia delante con nariz al frente en movimiento olfativo.

Liam no corrió, ¿para que correr? ¿A caso serviría de algo?

Cerró los ojos esperando a la muerte, equivocándose una vez más.

La muerte no llegó, en vez de colmillos hundiéndose en su carne sintió el grácil y húmedo cosquilleo de una nariz curiosa. Y cuando abrió sus ojos vio la gran cabeza de la bestia acompañada de unos ojos entornados de largas pestaña.
Repentinamente la palabra monstruo, demonio, bestia, dejo de tener significado, y casi sin pensarlo una caricia se escapo de su mano. Gesto que hizo que de sus ojos salieran lagrimas escapadas, con lo que sintió la mayor vergüenza, más que cualquier otra pasada.

¿Como había llegado a esto? ¿Como alguna vez pensó en matar algo tan puro? y arrodillado cayó dando gracias por seguir vivo.

El animal hizo que Liam lo siguiera. Despacio y parándose de vez en cuando para observar que era seguido por él lo esperaba cuando veía que quedaba rezagado. Liam no había comido nada en casi 2 días, y estaba exhausto.

Mientra seguía al gran lobo se percató de algo, en contra de lo que creyó hasta ese momento, el animal no era él si no ella. Era una hembra.

_ Así que eres señorita_ Comentó sin esperar atención por parte de su extraña acompañante.

La bestia volvió a mirarlo repitiendo el gesto que hasta ese momento habían provocado sus palabras.

Ladeó la cabeza con las orejas alzadas haciéndo que se sintiera alagado.

Aquel animal hacía lo que en muchos años nadie intentó, intentar comprenderlo.

_ Eres una dama educada. Demasiado refinada para estos bosques, me parece._ Lo dijo con amplia sonrisa ante una atenta mirada escarlata. Observación que duró unos minutos hasta proseguir la marca.

Llegaron al río, y supo entonces que allí se despedirían.

Solo tenía que seguir el curso hasta llegar a un lugar conocido que lo conduciría a la ciudad. No había pérdida, y ella lo sabía. Parecía una locura, pero aquel animal lo sabía, de alguna forma estaba seguro.

La loba se alejó silenciosa bajo la atenta mirada del mercenario, que mientras la veía alejarse tocaba su pierna que debía estar herida teniendo la total convicción de haber conocido un milagro.

Y mentalmente dijo adiós. Adiós bella dama y gracias. Gracias por cuidar de mí y dejarte acompañar por este insignificante ser impuro, que hace mucho dejó de merecer algo.

Un año después de la experiencia Liam no había cambiado demasiado a ojos ajenos, pero si hubieran intentado escarbar lo suficiente podrían haberse dado cuenta de que un cambio si que existía en él.

Todo seguía más o menos inalterable. Sin cambios a la vista, solitario y poco refinado en sus ideales, pero con una meta situada en un camino distinto.

La gloria del orgullo perdido quedaba ya en un mero recuerdo, ahora el fin no lo justificaba todo.

Después de conocer tan mágica criatura, y de ser salvado por ella, no se quedaría quieto ante las mentiras de quien deseaba la muerte de lo que tenía la convicción, no debía morir a manos de ningún hombre.

Sabía que algo y no su discutible justificación buscaban tras la cortina de humo que proclamaba venganza.

Ese ser poseía un inimaginable poder, lo había experimentado en sus carnes, así que no se conformaba, algo querían de ella. Algo más que matar a un monstruo asesino.

En alguna ocasión se vio tentado a regresar a los bosques que ese día lo condujeron a la criatura, tentación siempre desechada contradiciendo al casi irrefrenable deseo. No permitiría que un egoísta capricho pusiese en peligro al mágico animal que salvó su vida, se imponía con dignidad de caballero mientras observaba en dirección al castillo.

Con pensamientos secretos y convicción bien definida ahora veía aquel escudo de exhibida corona con otros ojos a como antaño lo hacía cuando era esa persona deseosa de formar parte de su gloria.

Una noche pasó lo que ya creía no pasaría, oyó algunos comentarios en el castillo.

No había dejado del todo los trabajos para el rey, le resultaba bastante propicio entrar al castillo de vez en cuando por días como este.

Se comentó, se decía, que la bestia había sido capturada viva, y que en las mazmorras, presa la escondían.

Los años de escudero al final le servirían para algo más que ocultar su verdadero nombre, conocía ese castillo lo suficiente como para llegar a las celdas sin ser visto. Aunque no fuese cierto el rumor, que sería lo mas probable, puros chismes infundados seguramente, debía asegurarse de ello.

El castillo se hallaba en lo alto de una dura montaña de enormes piedras junto al mar, y bajo esas mismas aguas una estrecha cueva con enrevesados canales surcaba la tierra dura a sus pies.

Primero debías saber que agujero seguir, el bueno te llevaba al interior de una cavidad mas ancha donde una burbuja de aire se formaba, ahí debías oxigenarte para poder continuar.

Eran muchos los túneles, y fácil perderse consiguiendo una muerte segura, pero Liam conocía muy bien esas secretas galerías.

Siempre había sido curioso y osado, no era, ni si quiera ahora lo era, de los prudentes que pensaban en consecuencias. Así que ahí estaba, empapado y recuperando fuerzas en el interior de la piedra bajo el profundo mar.

Ya estaba en la burbuja de aire cerciorándose de no errar camino; habían pasado algunos años.

Le gustaba aquella sensación. La sensación de desafiar y controlar a la propia muerte.

En momentos así era cuando la excitación lo llevaba a la sensación de un estado de inhumano poder, llenando su cuerpo de la adrenalina necesaria para llevar a cabo la hazaña.

Y si, ahí seguía la entrada. Por lo visto no se habían percatado del pequeño agujero incluso después de tantos años, así que todo estaba como lo dejó.

En cierto modo no lo sorprendió, ese acceso daba a la parte mas antigua del castillo.

Se usó en tiempos remotos, y abandonada desde hacía mucho nadie ya echaba cuenta de ella. Pareció por un momento saludarlo y sonreír como habiendo echado de menos la compañía que el que está solo añora.

Era una vieja e inútil mazmorra sin uso contigua a la que si utilizaban, en la cual comentaban, estaría presa la bestia.

Liam entró al castillo impulsándose con los brazos y por un momento creyó no poder entrar.

Su tamaño no era el de antaño, lo cual casi lo deja atascado pasándose por su cabeza en tan critico momento una muerte demasiado ridícula que consiguió evitar con mas trabajo de lo esperado, y con un solitario recibimiento avanzo hasta el exterior dirigiéndose a la mazmorra husada con cuidado.

Tuvo que esconderse de unos pocos guardias, era de madrugada y a esas horas era cuando menos vigilancia solía haber por allí y Liam lo sabía muy bien. Pero si ahí estaba algo tan importante como la bestia que tantos años necesitaron para capturar, ¿no era mas lógico que la vigilancia fuese aumentada? Eso lo hizo casi estar seguro de que allí no encontraría nada de interés, aun así continuó ya que estaba no se quedaría a medias.

La enorme mazmorra se encontraba bacía o eso parecía cuando comenzó a caminar por ella, y no entendió nada.

No es que esperara encontrar lo que buscaba pero, ¿las celdas vacías? eso no era normal en absoluto.

Recorrió los grandes e interminables pasillos y nada. Ahí no había nadie, así que decidió dar media vuelta e irse después de un rato de nadas y mas nadas, pero un sonido lo detuvo.

Un poco mas adelante una de las jaulas parecía lamentarse. Desde luego no era la bestia, ese llanto sin duda se escuchaba humano.

La curiosidad empezó a empujarlo, y su asombro fue mayúsculo cuando al llegar, en la última y mas grande celda vio a una sola persona.

Era una chica que totalmente desnuda y negra melena en la esquina mas profunda lloraba desconsoladamente.

Abrazaba sus piernas como una niña abrazaría a su muñeca mas querida, posición que no lo dejaba ver su cara. Aun así se sintió incapaz de ignorarla.

¿Como podría ignorar un llanto tan sumamente triste? Y acercando la cabeza hasta notar con la frente el frío de los barrotes intentó verla mejor, y la chica, aún llorando, sorprendiéndolo, levantó la cara.

Liam notó como si su corazón desgarrándole el pecho trepara hasta encajársele en la garganta.

_ ¡¿Pero que…?!_ gritó a la vez que un traspiés de sus piernas repentinamente inestables casi lo tiran al suelo.

La chica se puso en píe acercándose a él lentamente con inquisitiva mirada.

Ojos de un rojo vivo como dos brillantes faros lo observaban en una cara surcada por cicatriz conocida, y ese instante fue aterrador a la vez que mágico.

Obscenamente mágico, porque tras el pequeño instante quedó el regusto amargo de quien es testigo del estado mas puro de la pena. La de aquellos ojos de extraño color que entre lágrimas con profundidad lo miraban.

Liam esperó; por un momento quedó estupefacto y sin palabras, viendo como ella caminaba hacia él.

Caminó hasta llegar al lugar en donde no pudo avanzar más y apretó los barrotes con sus manos.

La chica seguía observando silenciosa, y a Liam se le escapó un pequeño y obsceno impulso.

Bajó la mirada viendo con mayor claridad la desnudez que no parecía avergonzar a la mujer que frente a él se encontraba, y rápidamente volvió a elevar la vista con el rubor apareciendo fugazmente en su rostro.

La muchacha estaba al grosor de un barrote de distancia y absorto comenzó descarado a escudriñar su cara.

Además del desaliño y de la terrible cicatriz que le dividía la cara, estaba lo mas desconcertante, sus ojos.

Ese color no existía en el mundo humano. ¿Tal vez era una bruja? empezó a cavilar, pero algo mas que un color lo confundía. Esa forma de actuar totalmente desinhibida, le pareció como un animal en cierto modo.

Pensó en darle su jersey avergonzado por el hecho de no haberlo pensado antes para taparla, aunque fuese mas por él que por ella que parecía no importarle el no llevar prenda alguna, pero desdeñó ofrecérselo de inmediato al tocar la tela de su ropa, que fue cuando se dio cuenta que aún estaba mojada.

_ ¿Y que hago ahora?_ Preguntó en un pensamiento escapado sosteniendo la mirada que ella no le apartaba.

_ ¿Que hago aquí?_ En un acto inesperado, la chica preguntó con clara voz.

A Liam lo dejo momentáneamente en silencio hasta segundos después que logró acertar que decirle.

_ No… No tengo idea alguna. Solo buscaba a un gran lobo y fue a ti a quien allé.

Parecerá de un demente pero, Te asemejas un poco a ella_

_ ¿A ella?_ recelosa preguntó la chica.

Liam alargó un poco el brazo y con el dedo índice perfilo la cicatriz que el rostro de la muchacha aterradora lucía.

_ Si, una loba negra de extraños ojos con una cicatriz partiendo su cara exactamente igual a esta_ Respondió sintiéndose algo ridículo por la estupidez dicha.

La muchacha inmediatamente puso las manos en donde el había tocando y comenzó a hablar con sobrio gesto.

_ Una vez tuve ojos azules. Una vez mi cara ni rastro de esta cicatriz tenía. Una vez fui hermana e hija. Y una vez fui una sola alma_

Liam quedó perplejo, no entendió nada de lo que dijo cuando una imagen empezó a tomar forma en su mente, en parte consecuencia de lo que parecieron dementes palabras.

Aquella cara. El rostro de aquella mujer que tenía en frente hablándole con extrañezas de loca comenzó a serle demasiado similar a otro muy conocido por todos.

Tal vez recogiéndole el pelo en fastuoso moño, pensó, vistiéndola con vestido vistoso, volviendo sus ojos azules como el cielo y haciendo desaparecer esa cicatriz horrible.

¿Acaso estaba volviéndose loco? esa cara se parecía mucho en cierta manera a la de Lisabeth, la hija del rey, y princesa del reino.

Liam no escatimó mostrando su asombro consecuencia del reciente descubrimiento.

_ ¿Pero que está pasando aquí?_ Logró decir al fin con irritado desconcierto.

_ Solo soy alguien que nadie desea ver, nada más._ Respondió la chica, que acercándose nuevamente a los barrotes continuó hablando.

_ Si quieres ver al lobo podrás hacerlo cuando se esconda la luna. Hoy la luna está llena, por eso ves este cuerpo_

_ ¿Que? ¿Acaso estás loca?_ Liam no podía estar mas desconcertado.

Notó una mano que le tocaba el pecho. La chica había agarrado su ropa y Liam sintió un súbito deseo de ignorarla e irse. Aun así no lo hizo, la curiosidad venció a la lógica, y continuó escuchando aunque con demasiadas dudas mientras pensaba; esperare hasta que se oculte la luna. Se sintió algo estúpido, pero a la altura en la que estaba, ¿que mas podía perder? Esa era su lógica.

_ Cada vez que duermo suelo tener siempre el mismo sueño_ La chica empezó una especie de cuento_ En mi sueño corro para salvar mi vida. Corro. Corro. Corro. Y tras de mí dejo muerte, la de mí ser mas querido.

El terror es tan grande que en mi pecho, como un martillo clava púas, porque por mucho que corro, nunca consigo alejarme lo suficiente._ Liam siente mientras escucha la mano de la joven temblar apretada en su pecho al agarrando la tela fuertemente. _Con la desesperación de quien se sabe atrapado y muerto recurro a un escondite, el último e inútil acto; los enemigos son muchos. Demasiados, pero no me rindo.

Elijo una cuadra en mi huida que supongo está vacía, pero no es así, en ella se encuentra un joven. El chico que ve en donde me escondo_ El gesto del mercenario se torna en atenta sorpresa mientras la mujer relata, con lo que él sigue escuchando sin decir nada_ En mi desesperación le hago un gesto suplicándole silencio con la absoluta certeza de lo inútil de este. El chico me delatará, es lo que pienso en mi sueño.

Me siento perdida, un guardia entra y le pregunta al muchacho si me ha visto y rezo, suplico entre llantos por algo de piedad. Por una pizca de bondad, cuando escucho al chico negar haberme visto pasar_ La mano de Liam agarró repentinamente el brazo de la mujer callándola de inmediato.

Ella respondió mirándolo expectante y sin temor.

_ ¡¿Pero que bazofia estas diciendo?!_ La cara del hombre era toda una declaración de guerra. _ ¡Contesta!_ Dictaminó_ ¡¿Quien eres, una bruja?! ¿Es cierto lo que dicen? ¿Eres un demonio que vuelve loca a la gente?_ El silencio de la joven desató aun mas furia_ ¡Contéstame mujer!_ Y agarró con mas fuerza su brazo, acto que tuvo respuesta.

_ Provocar dolor nunca te será suficiente. Nunca lo es_ La muchacha dijo. Palabras que hicieron que Liam inmediatamente la soltara.

_ No se si soy una bruja, un demonio, un monstruo. No se si soy real o tan ficticia como un sueño. Tal vez solo esté loca_ El dolor comenzó a verse nuevamente en el rostro de la muchacha_ Lo único que se es que esa niña fue protegida por ti. Tú fuiste el único entre muchos que quiso proteger su vida. Así que en nombre de ella te digo, estamos en paz.

No creas que me debes algo por lo sucedido en el bosque. Así que vete._

Liam vio como la chica se alejaba hasta colocarse en medio de la celda e intentó agarrarla para impedirlo.

_Conocí a alguien que creció en este mismo castillo_ comenzó nuevamente a relatar la muchacha_ solo que en una zona en la que pocos entraban. Casi nadie conocía su existencia.

Su madre cuidó de ella con ternura, siendo la única persona que realmente le dio amor.

Por lo visto el rey dictamino que nadie más que los pocos que estaban al tanto del nacimiento de la niña supieran de ella ya que no podía haber dos princesas con el derecho a la sucesión_

_ ¿Dos princesas?_ Interrumpió Liam aferrado a los barrotes.

La chica lo miro seria y digna como respuesta a la intrusión, y continuó haciendo hablando.

_ La reina debía tener un varón para que el encierro de su hija acabara.

Yo como madre engendraré un hijo varón y te salvaré de esta vida maltratada, le decía a menudo a la niña.

Pero eso no sucedió nunca, el rey nunca tuvo hijo varón, ni con su reina, ni con amante alguna. por lo que el destino de la niña quedó sentenciado a un encierro perpetuo.

Solo estas 2 hijas tuvo, las gemelas Lizabeth y Queena_ Liam comenzó a tomar enserio lo relatado, pues el parecido era mas que evidente.

_Después de un tiempo,_ Continuó la muchacha_ la segunda de sus hijas, y que seguían manteniendo encerrada, fue cada vez mas ignorada, casi no era alimentada y su madre, la única persona que veía dejó de visitarla, al parecer había muerto de alguna enfermedad incurable.

Desesperada, sin siquiera una ventana por la que ver la luz del sol, la tristeza que poco a poco se fue con los años apoderandose cada vez más de ella la dejó apenas sin alma. Convertida en un cascarón que vacío, esperaba que la muerte se la llevara. Entonces un día lo oyó.

Era el aullido de un lobo que parecía salir de la sala que se encontraba al lado de la suya.

Comenzó a hablar en voz alta para que el animal la escuchara, empezó a sentir que el encierro los unía de alguna forma, sintiéndose menos sola al escuchar como este arañaba la pared cada vez que la escuchaba, pero al 4º día el lobo dejo de escucharse y quedó sola de nuevo._

_el cuerpo de un enorme lobo negro se encuentra disecado en una de las salas mas lujosas del castillo_ Volvió a interrumpir Liam intentando encontrar sentido a lo que escuchaba.

La chica continuó después de una pequeña pausa como si no lo hubiera escuchado_ Ese 4º día nací yo_ Los ojos del hombre se abrieron como platos_ y tuve por primera vez el sueño que siempre se repite_

Liam dio un paso atrás sin saber del todo lo que en ese momento sentía, y el sol comenzó a asomar tenue por la única ventana, pequeña y atravesada en resistentes barrotes de la celda.

Entonces comenzó a suceder lo que la chica dijo pasaría y que aun viéndolo no podía creer.
Mientras pasaba, él gritó en desesperada llamada.

_ ¡Espera! ¡Queena! ¡Queena! ¡Dime si sigues viva! ¡¿Aun estás ahí dentro?! ¡Se que si lo estás! _ acabando con una suplica susurrada sabiendo que no obtendría la respuesta deseada.

_ Por favor, si aun sigues viva dímelo. Dime si fuiste tú quien salvó mi vida aquel día_

En medio de esa transformación, aunque la forma humana no había desaparecido del todo, lo supo. Supo que ella ya no podía entenderlo. Que sus palabras eran escuchadas como un mero sonido sin sentido.

Lo que había frente a él que un año atrás creyó mágico, ahora le parecía tétrico, oscuro, provocando una pena que creyó no volvería a sentir nunca.

No era la rabieta de una princesita mimada lo que lo condujo a esta vida despojada, fue el verdadero terror de una chica la que le pidió ayuda esa noche. Y por un momento la vergüenza dejó de ser tal. Este presente inesperado comenzaba a ser algo diferente a lo que creyó era. Comprendió por primera vez en su vida que hizo lo que tenía que hacer, y una pequeña bocanada de orgullo recorrió sus pulmones inmediatamente evaporada por un pensamiento mas fuerte. El pensamiento indiscutible de que a pesar de todo Queena no fue salvada.

La bestia dejó atrás el cuerpo humano que hace unos minutos ahí mismo se encontraba.

_Así que como dijiste realmente eras tu la bestia_ Afirmó más para sí, habiendo comprendido ya lo inútil de las palabras.

El animal volvió a ladear la cabeza, y Liam se echó a reír con amargura agarrada en la garganta, porque por un momento creyó en la posibilidad de que fuera Queena, que dentro de ese enorme cuerpo intentaba entenderlo. Y ahí se quedó mirando con la impotencia clavada en los ojos.
No podía seguir allí por mas tiempo si no quería ser descubierto, y a pesar de saberlo le costó un mundo irse.

Todo lo descubierto que aquel ser inconcebible guardó tantos años para si resultó tan asombroso que alejarse sin más era lo que menos deseaba hacer, pero aun así eso hizo.

La sonrisa de Julia-El hombre que olvidó su nombre—> Ábreme.

Bueno, como esto se me alargó más de lo esperado, me he decidido por hacerlo en dos partes, así que os dejo la primera sin saber aun como acabarla

A ver que os parece 

 Cuidaos. 

El mercenario y la bestia- 2ª parte —>https://1111ana.wordpress.com/2011/06/04/el-mercenario-y-la-bestia-2%C2%AA-parte-final/

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5 Respuestas a “EL MERCENARIO Y LA BESTIA. — 1ª PARTE —

  1. Estoy conmovida,se que no es el final del relato,pero no he podido contener la emocion del final.
    Tienes una facilidad increible para hacerme entrar en la historia,parecia que todo estaba sucediendo ante mis ojos,podia ver la cara de amargura y el desconcierto.
    Ana espero,quiero,deseo saber el final…
    Un besazo guapisima.
    PD:Moito moito moito

  2. Por ahora parece ser que tardará un poco ains, no estoy escribiendo nada ejem…
    Bueno, pero me pondré en ello así que no problem. Porque una cosa está clara, estoy decidida y con ganas de terminarla, por lo que después del pequeño descanso continuaré y tendrás el final de la historia, jeje.
    Cuídate, y gracias por leer este libro gordo de petete, que se que me paso un poco a veces con la extensión de mis entradas y puede resultar pesado.
    Un besito Belsai.

  3. Hola Ana 🙂
    Esta primera parte me ha encantado, tienes una imaginacion que para mi la quisiera, y ya no es solo la imaginacion, es la manera de escribir que tienes, con cada palabra que escribes haces que nos metamos en tu historia y parezca tan real como la vida misma.
    Espero que pongas pronto la 2ª parte, tengo muchisimas ganas.
    Cuidate y hasta pronto. muakaaaaaaaa.

  4. Pues espero que la segunda y última no te decepcione tampoco jeje.
    Tengo ganas de ponerla ya pero estoy siendo, estos días un poco perezosa a la hora de escribir ains, aun así está todo calculado 😉
    Hasta mas pronto que tarde, espero que la contractura me deje http://www.gifsparafacebook.com/emoani_adm/258478905-jo-mundoemoti.gif

  5. Pingback: EL MERCENARIO Y LA BESTIA. — 2ª parte — (Final) « El Diablo Azul.

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