BIMALA, EL REY SABIO.

En una pequeña aldea,  sus pobladores viven lejos de mundanos ruidos.

Afrontando el día a día de buena gana a pesar de la humilde forma de vida en la que subsisten; son granjeros y comerciantes que se conforman con lo que les da, tierra y ganado, conviven.

Integrantes en un país regido desde tiempos ancestrales por reyes, todos estos varones, asumen su condición de súbditos con la naturalidad del que nunca ha vivido de otra forma; el rey manda, siendo su palabra la ley de todos.

En esta pequeña aldea llamada Artemisa vive nuestra protagonista, una chica de 13 años bastante vivaz e idealista, inocente esos días al desconocer que tales ideales se verán confrontados en poco tiempo.

Amy, nuestra niña, ayuda a sus padres como la que más, e instruye a su hermano pequeño en los quehaceres diarios. Cuidar de los animales, la huerta, etc. Pero el pequeño de 8 años juguetea mas que atiende, cosa que hace a Amy el trabajo mas ameno, uniéndosele al juego en ocasiones.

Como consecuencia de ello alguna vez se ve limpiando cacas de vaca en los días que no le toca; ese solía ser el castigo a su niñería.

_ En el trabajo no se juega_ Le recriminaban en ocasiones sus padres antes de imponer el castigo en forma de sabia enseñanza, pero a Amy eso no le cuadraba. Si trabajas y consigues resultados, ¿no es mejor hacerlo divirtiéndote?

A la mañana siguiente, bien temprano para poder llegar a las 8:30 que era la hora acordada, Amy se pone en marcha en dirección a la ciudad para vender unas verduras y algo de leche al comercio habitual.

Notó al llegar los ánimos de la gente mas excitados que de costumbre. Las calles estaban repletas, cosa rara a esa temprana hora.

Algo disgustada y entre refunfuños internos trato de colarse en algún pequeño sitio que milagrosamente quedara libre montada en su pequeña mula, pero ante tal cantidad de gente y carruajes aparcados justo, indignada pensaba, donde ella tenia que descargar, le fue imposible.

Era mucho peso el que llevaba, pero no quedaba otra, tendría que dejar la mula mas lejos de lo acostumbrado y caminar cargada hasta el comercio; y menuda pereza le daba.

Chorros caían por su cara a la vez que caminaba notando cada uno de sus músculos forzados con la carga.

El camino comenzaba a hacerse interminable cuando alzo la vista y vio al otro lado de la calle la gente agolpada. No pudo evitar soltar un grito indignado:

_ ¡Por ahí tengo que pasar yo!_ ¿Quién iba a escucharla entre tanto ruido?

En su cabeza solo había una cosa; si llego a saber esto. Prefiero mil veces limpiar mierda de vaca, pensado en lo que le duró un sonoro suspiro.

Rodeada por gente de ciudad engalanada esperando a saber que, entre empujones y pisotones logró llegar hasta un pequeño claro en donde se detuvo. Un paréntesis estratégico para calcular el mejor camino a seguir. Pero el paréntesis duró menos de lo esperado.

La multitud, como presa de un encantamiento, todos a una avanzaron hasta el borde del arcén.

Vítores y aplausos surcaron las calles entre mas empujones hasta dejarla sola en el interior de la acera.

La mirada curiosa de la trece añera siguió la escena, viendo acercarse por la también atestada calle de enfrente una gigantesca carroza.

Estaba grabada en oro e incrustada en piedras preciosas. Y tirada por bellos caballos de largo pelaje rizado se acercaba solemne.

En lo alto, una preciosa silla techada de lo que parecía ser oro sostenía a un niño de unos 11 años extremadamente bien vestido. Lo rodeaban 3 personas arrodilladas, un hombre y dos mujeres perfectamente arregladas para la ocasión, y un anciano a su derecha tieso como un palomo orgulloso.

Un montón de preguntas le vinieron a la mente. La visión de aquel espectáculo mas cercano a lo circense que a la realidad de una aldeana la había dejado atónita por un momento, cuando una conversación llegó a sus oídos.

_ Veo que las habladurías eran ciertas_ Cuchicheó una anciana que lucía un gran collar de lo que parecían esmeraldas a otra mujer no menos enjoyada_ Ahora, con la reciente coronación del príncipe a causa de la muerte de su padre el antiguo rey, se a precipitado la búsqueda de esposa para él como manda la tradición. Que pena que mi nieta haya pasado los 20 y no pueda ser escogida_

Amy sabia de esa tradición, para no saberlo, tenía tantos años como la corona.

Al morir el regente, decía, su primer hijo varón deberá ocupar el puesto vacante de inmediato.

El rey muerto no tuvo su primer varón hasta no procrear antes a 28 féminas entre la reina y sus amantes. Tal fue el escándalo en su día que estuvieron a punto de destituirlo.

Pero tuvo suerte, del embarazo numero 29 nació un varón, eso salvó su trono. Demasiado mayor, el regente muerto a acabado dejando un rey de 11 años que ya coronado deberá casarse con la mayor prontitud.

La elección será decidida entre las mas bellas del reino, por lo que el nuevo rey deberá visitar las principales ciudades del país como mandaba la tradición.

Amy dirigió la mirada al pequeño rey y frunció el ceño puntualizando su desagrado.

La decisión no será sopesada con las elegidas, sabía que, quieras o no, si te llamaban no cabría discusión posible, y de entre todas saldría la futura reina.

Amy la llamaba, la cara bonita que acompaña al rey, porque la reina, una vez cumplía los cuarenta dejaba de ser mostrada, quedando encerrada en palacio hasta su muerte.

_Yo no quiero una jaula. Da igual si es de oro_ Susurró para sí aliviada por pertenecer a una pequeña aldea.

Nunca en el transcurso de la historia la corona había puesto sus ojos en las pueblerinas.

Volvió a agarrar las bolsas que tomándose un descanso dejo esperando en el suelo, y con los músculos nuevamente en tensión se decidió a seguir su camino con la absoluta certeza de su tardía llegada.

Se sintió observada al iniciar el camino, pero ya estaba decidida a seguir aunque ello le costase dolor de brazos para una semana, así que haciendo caso omiso a aquella sensación continuó.

A la mañana siguiente todo fueron gritos.

Era la mañana en la que le tocaba clases, así que tenía permiso para levantarse a la hora en la que el colegio empezaba; un poco mas tarde que de costumbre. 

Miró su reloj de mesilla _ ¡¿Qué?!_ Soltó un grito.

Eran las 6 de la mañana y tenia permiso para levantarse a las 8.

_ ¡¿Como podéis ser tan…?!_ Asomada por la pequeña ventana de su cuarto grito sin remordimiento alguno, siguiendo con un:

_ ¡Es mi día de colegio! ¡Podíais tener consideración!_

_Baja hija, baja_ Su madre, ignorando los gritos y demasiado sonriente la invitó a bajar.

Amy se dirigió a donde su madre le dijo con inquietud, algo le empezaba a oler mal. Y una vez junto a ella y su padre, le fue entregada una carta.

_Mira hija, la han traído hace unos minutos, léela_ La cara de la mujer brillaba como nunca lo había hecho, cosa que a su hija no dejo, ni mucho menos mas tranquila.

Con nerviosismo saco la hoja del interior de un pequeño sobre lacrado y bordeado en marcas doradas.

La desazón estaba apoderándose de su cuerpo mientras le venía a la mente lo vivido el día anterior. Comenzó a esperar lo que creía imposible, burlándose a la vez de si misma por la estupidez pensada, pero…

El significado de estupidez torno cuando los temores infundados se hicieron reales con la lectura.

Ese trozo de papel maldito relataba que era una elegida. Y antes de que pudieran salir las lágrimas que le bordearon los melados ojos, el efusivo abrazo de su madre las paró, congelándolas en ellos.

Todo fue tan rápido que no le dio tiempo ni a pensarlo.

Arreglada como nunca lo había estado se vio forzada junto a otras chicas, algunas incluso mas jóvenes que ella, a dirigirse hacia varios carruajes que en fila india esperaban.

Conducida al ultimo de ellos con cuatro mas, una de las chicas que junto a ella caminaba hacia el mismo carro que parecía no superar los diez años, lloraba tanto que Amy no pudo evitar sostenerle la mano.

La chiquilla no dijo nada con el contacto, pero inmediatamente dejó el llanto, por lo que Amy decidió no soltarla.

Gran parte de las demás chicas, observaba, se veían bastante felices entre sus prestados vestidos de gasas y sedas.

¿Que hago yo aquí? Era en lo único que lograba pensar entre la confusión desde que la separaron de sus padres, pensamientos que no se apartaron de su mente ni uno solo de los 5 días que duró el viaje.

Después del largo camino llegaron al palacio destinado, todo era tan enorme que Amy sintió terror. Apretó la pequeña mano de su compañera en la búsqueda de algún consuelo, y notó como esta respondía a su tacto.

Se miraron un momento, la niña parecía tan asustada. Entonces lo supo. Supo que estaba allí para algo, prometiéndose a si misma no soltar aquella mano.

Fueron unidas a otros grupos y colocadas en fila. Le vino a la mente la forma en la que las vacas esperaban turno para ser ordeñadas. Está claro, no somos más que vacas, pensó, y avanzaron otro paso.

Su pequeña amiga frente a ella no parecía pensar en nada.

Después del llanto vino el miedo en sus ojos, y a continuación la nada. Ya hacia rato que incluso parecía no respirar siquiera.

Frente a la puerta, quedaron ellas las primeras de la cola después de varias horas.

El turno iba a ser primero para su silenciosa compañera a la que aún le sostenía la mano convencida de no soltarla, respiró hondo para ayudar a su determinación, y preparó el momento mentalmente.

Los gritos sonaron por toda la estancia.

_ ¡No, no la voy a soltar!_ Chillaba Amy agarrada a la chica.

Gritó tanto que comenzó a ser foco de miradas, convirtiéndose en el centro de atención en la gran sala.

Sujetada por un guardián que tiraba de su brazo sentía como la niña también la apretaba con mas fuerza, no quería ir, y ella no la dejaría sola.

_ Soltadme bastardas secuestradores_ Siguió gritando.

Y un dolor repentino le atravesó la mejilla como un eléctrico y quemante rayo.

El tipo que tiraba de ella le dio una sonora bofetada a la vez que se pronunció informándola:

_ Le proporcionare una igual a la chica que con tanto ímpetu proteges si no la sueltas de inmediato_

La cara del guardia era tan convincente como sus palabras. Lo haría, no cabía duda, y rauda la soltó sin mencionar ni una silaba más. Aún le ardía la mejilla, no podía permitirlo.

_ ¿Que ha sido ese escándalo?_ Pregunto en la sala colindante un niño al guardián que entraba con la siguiente candidata.

_ Nada majestad, una de las elegidas empeñada en no soltar a esta niña_ Explicó solemne guiando a la pequeña hacia adelante.

El joven rey le echo un fugaz vistazo a aquella menuda chiquilla. Sus ojos estaban enrojecidos, perecía poder ponerse a llorar en cualquier momento.

_Llévatela_ Ordeno con la firmeza del adulto que no era.

_ Pero majestad, ni siquiera la ha mirado_  Replicó su consejero; un anciano de barba larga y plateada que se encontraba de pie a su derecha.

_ ¡Llévatela y trae a la gritona! ¡Es una orden guardia!_ Esta última petición sonó mas como la de un infante mimado.

_ ¿Majestad?_ Insistió el consejero.

El niño ni siquiera miro al anciano para continuar con su rabieta.

_ ¡Guardia!_ Y con la inquisitiva mirada del que se sabe ganador se reiteró_ Tráeme a la otra_

Amy fue introducida en una estancia de diámetros inmensos para una habitación, o eso pensó ella.

No podía evitar distraerse entre tanto lujo, siendo recriminada por ello.

_ Mira al frente_ Le espetó el guardia que a su espalda la conducía hacia adelante con pequeños empujones de atención.

Frente a ella, sentado en una especie de diván de un color dorado casi cobre; no parecía muy cómodo para ser el asiento de un rey, pensó con cara incierta, se postraba el mismo niño que vio el día de la multitud en la ciudad.

Recordó lo pequeño que le pareció en lo alto de aquella gigantesca carroza, impresión que no cambiaba ahora que lo tenía cerca. Y a su lado un viejo estirado que le dio escalofríos nada mas mirarlo.

_ ¿Como te llamas?_ Preguntó el niño frente a ella con soberbio gesto.

Amy miro a un lado sin bajar la cabeza con expresión desaprobadora en silencio. Estaba dispuesta a causar la peor impresión posible, prefería ser criada a la cara bonita que acompaña al rey.

_Esta bien, pues si no tienes nombre te pondré uno_ El joven regente acerco un dedo a su mejilla y alzando la vista a modo de pensamiento exclamó_ Ya está, lo tengo. Te llamaras Clueca como mi amada gallina de compañía_ La risa gritona del chiquillo al terminar con su propuesta resonó en los oídos de Amy haciéndola enrojecer de rabia, y cuando fue a replicar tal insulto proporcionado, su frente paró en el suelo.

Uno de los guardias la había agarrado por el pescuezo y hecho arrodillar. Así que ahí estaba, despojada de su hogar, arrodillada, e insultada.

Se sintió al borde del llanto, pero sucumbió ante la parte de ella que le decía; ni se te ocurra llorar.

_ ¡Dejadla!_ Exclamó el gobernante con prontitud. 

La mirada del rey pasó, de soberbia y juguetona, a irritada en cuestión de segundos, y fue liberada de inmediato.

_ ¿Que ibas a decir?_ Preguntó el niño con tono mas calmado.

El chico se incorporó, apoyó los codos en sus rodillas para sostener su barbilla con una de las manos, y esperó.

Parecía esperar la respuesta expectante. Expectación que fue contestada.

_ Me gustan las gallinas, así que no me importa. No creas que has ganado_  Respondió con la cabeza alzada y ladeada en gesto de orgullosa chiquilla.

La sonrisa del rey, extendida en respuesta fue inesperada.

Amy reculo temiendo lo peor, y antes de posar el pie completamente en el último paso, escucho como el rey se pronunciaba.

_Te elijo a ti_ Una sonrisa picara con un pequeño toque de malicia antecedió al final de la frase_ Gané_ Concluyó orgulloso. Y Amy se derrumbó.

No había nada que decir, por más que insistió nada cambió. Ya hacía un día de la elección fatídica, y por más que hizo nada tuvo repercusión en la decisión.

El rey enano, así comenzó a llamarlo; si ella se iba a llamar clueca el no podía ser menos.

Esa misma noche empapada en desazón, no había pegado ojo, dedicó ese apodo en innumerables ocasiones junto con otros adjetivos de sonata mas fuerte a su enemigo el pequeño rey.

Aquella mañana él tenía previsto enseñarle el palacio, y le fue comunicada la cita la noche anterior.

No es que fuese una invitación desdeñable, podía ser peor, pero esa mañana no sentía ganas ni de respirar, y el palacio, sinceramente, se la traía al pairo.

Ataviada con lo mas exquisito en joyería, vestimentas, maquillaje, y demás, la chica en el espejo no parecía ella.

_Solo eres una muñeca_ Le aclaró al frío cristal.

El reflejo, claro está, no respondió, pero aun así ella espero observándolo con la mirada mas triste que de su rostro jamás reflejara espejo alguno.

Una de las mujeres que ayudo a vestirla fue a buscarla a la habitación, y dirigiéndola hacia un florido jardín una vez atravesadas varias estancias y pasillos, le dio indicaciones de esperar sentada en un banco acolchado que bajo un verde techado se alzaba. Así que una vez se hubo sentado la mujer se retiro, y de inmediato también lo hicieron sus dictados.

Amy no tardo en ponerse en pie para mirar las flores, lo contrario a lo dicho de no levantarse que le marcó la señora.

No podía evitarlo, ella era muy de campo, ¿y que hay mas de campo que las flores?

Las había de todos los colores y formas. Una pena el maldito vestido que dejaba la libertad de movimiento anulada por completo.

Remangándose la falda todo lo que pudo y pisando en los espacios libres, le parecía un autentico sacrilegio aplastar algunas de esas pequeñas maravillas, pasito a pasito se introdujo en el centro de los colores florales.

No se dio cuenta, pero desde que llegó a ese lugar, en aquel instante fue la primera vez que sonrió.

_Veo que te estás divirtiendo_

La terrible y ya conocida voz sonó como si el mismísimo diablo le hablase.

Inmediatamente se giró sin soltar del todo la falda de su vestido no fuera a dañar con ella algo de lo que en ese suelo crecía, y la visión mas terrible apareció ante ella.

Como sospechó era el rey, con esa cara sonriente de ganador tramposo.

_ Vamos, no mires así a tu futuro esposo cuando hace un momento sonreías que podría hacerme pensar que mi amor no es correspondido_ La risilla del niño volvió a asomar insultándola mas que cualquier palabra.

_ Cállate rey enano_ Escupió la chica casi sin pensar en una rabieta.

Al monarca se le congeló la sonrisa al escuchar tal insulto, proporcionándole la visión de un furibundo gesto como respuesta. Y sin dejar el enfado atrás comenzó a explicarle que en su familia era normal dar el estirón a los 14, y que para eso quedaba bien poco.

_Ya me dirás cuando no puedas ver más que mi pecho al alzarte de pie frente a mi niñata_ Acabó en amenazante tono.

La escandalosa risa de Amy recorrió todo el jardín al escuchar la argumentación que torpemente le dio el pequeño rey, así que no pudo más que darle la merecida respuesta.

_Ya claro, hasta que cumplas los catorce y te topes con la cruda realidad pequeño_ Había logrado llegar al punto débil de su adversario, y vaya si lo estaba disfrutando.

_Solo me faltan 3 días para cumplir los 12_ Aclaró furioso. Reiterándose con un_ No soy ningún niño_

La mirada del chico se veía realmente seria, pero a pesar de lo peligroso que parecía ponerse el terreno, Amy siguió tentando la suerte.

_ Uy, empezó la cuenta atrás_ Bromeó con sorna, y no se detuvo a pesar de los gritos de su instinto superviviente aconsejándole que lo hiciera, añadiendo:

_ ¿Crees que te dará tiempo a crecer lo suficiente en un año para comer en la mesa sentado en una silla sin alzas?_ Terminando la pronunciación de la ultima silaba sabiendo que la cuerda se acababa de romper.

Observó decidido al rey avanzar hacia ella con la determinación asesina de un león, quedando petrificada del susto. Cuando repentinamente la chica gritó_ ¡¡Detente, No la pises!!_ dejando al regente tieso como un palo.

¿Que no la pise? Pensó mirando su pie alzado, y ahí estaba.

El motivo del estridente grito era una flor. Al parecer no quería que la pisase.

Saber eso lo hizo observar a la muchacha como si mirara al ser mas estúpido que sobre la tierra habitase, y vaya que si la pisó.

La espachurro y restregó en el suelo hasta que no quedó de ella más que unos pocos pétalos desechos, y al terminar su fechoría se alejó dejando a Amy sola entre las flores.

Inmersos en la visita a palacio, habiéndole sido mostrado ya gran parte, Amy, más que cansada de todo solo deseaba que terminara con prontitud absoluta aquella agonía.

Lo que iba a ser acompañar al rey mientras este le mostraba el lugar donde vivirían se convirtió, en una visita guiada por unas cuantas doncellas, cosa que no era peor que la primera.  Después de la discusión, no había vuelto a verle pelo al rey, y estaba más que harta de todo.

Tocaba visitar las cuadras, eso la animó un poco. Le gustaban mucho los caballos, y los que allí había debían ser espectaculares como poco.

Iban a coronar a Eliseo.

Era el elegido entre muchos de los mejores caballos del reino para ser el exclusivo del rey, y decir que era precioso se quedaba pero que muy corto.

Eliseo esperaba el sello del rey que le daría la prueba de su estatus.

Y ahí estaba Amy, frente a una bella bestia a la espera de que esta fuera marcada.

El candente hierro que mostraría quien sería su dueño en las brasas esperaba, y Amy comenzó a no poder apartar la vista del objeto.

Todo se le agolpó en la mente súbitamente. Como una jauría de lobos desesperados por el hambre, sus pensamientos herían tanto que le sorprendía el simple hecho de aguantar en pie.

Su vida se desmoronaba, y frente a ella, como por arte de magia, la última oportunidad se presentaba.

El dolor Fue espantoso, culminación de un acto calculado con la inconsciencia de un pensamiento repentino y desesperado.

En su mejilla izquierda marcó con el hierro candente el símbolo de Bimala de la misma forma que iba a ser puesto en Eliseo, a fuego.

Nunca permitirían una reina físicamente defectuosa. La reina siempre debía ser bella. La reina no podía ser imperfecta. Y en ese momento entre aquellos pensamientos, a pesar del terrible dolor y del ataque a su libertad que todos los que la rodeaban le habían regalado en los últimos días, se sintió ganadora.

El rey no podría hacer real su orden, y allí mismo calló de bruces al suelo.

Sintió una calida mano entrelazada con la suya, el tierno tacto la transportó nuevamente a su hogar, abriendo los ojos con la esperanza del fin de la pesadilla.

Junto a ella vio al rey con extraño gesto agarrando su mano, e hizo desvanecer la esperanza que construyo un pequeño sueño.

No estaba en casa, la pesadilla continuaba.

Todo seguía siendo tan real como el dolor que martirizaba su rostro, y las lágrimas brotaron ganando la batalla al enorme deseo de pararlas.

La chica lloraba. No por el dolor. No por la libertad arrancada. Lloraba porque aquella mano fue, lo único desde el comienzo de aquella pesadilla, que le mostró algo de compasión.

Y entonces salió, como si una garra invisible se la arrancara de la garganta a la fuerza, una palabra, la cual deseo haber callado nada mas pronunciarla.

_ Gané_ Dijo llorando.

Entre lágrimas vio a Bimala abrir los ojos como si experimentase repentinamente el dolor de la herida mas hiriente al escucharla, pareció que una flecha le atravesara el pecho, soltando este su mano raudo.

Con caminar ligero el rey cruzó la puerta. Lo que paso al otro lado de la habitación en la que Amy se encontraba, tras aquella gran puerta nunca lo supo. Pero algo tenía cierto, no había ganado, en absoluto lo había hecho.

Con 26 años recién cumplidos; Amy ya era toda una mujer, atrás había quedado ya la niña del pasado.

Después de lo sucedido hace 7 años, el caos del principio dejó paso a la calma que daba el tiempo.

Vivía una vida tranquila como la segunda encargada de los inmensos jardines de palacio, y lo hacia sin quejarse.

Le gustaba ese trabajo, en su antiguo hogar también tenía un jardín del que cuidaba.

¿Qué seria de aquel jardín? A veces pensaba en esas cosas como, en como de grande estaría ya su hermano, si la echaban de menos por allí.

Pero nada de eso tenia sentido ya para ella. Sabía que nunca podría volver, que todo aquello existiera o no, en su mundo no tenía cabida.

Su mundo no era mas extenso que aquel palacio, por lo que la amarga sensación de estar traicionando sus ideales nunca la dejaba.

Nunca fue reina, pero eso nada cambió. El rey, días después del incidente proclamó su matrimonio con otra de las chicas propuestas.

Alguna vez la había visto pasear por los jardines. No podía evitar pensar mientras la observaba que podría haber sido ella, haciéndola experimentar un escalofrío de indignación por el hecho de solo pensarlo.

Esa mañana estaba siendo bastante atareada, tenían que preparar una gran cantidad de motivos florales, el príncipe, un niño de lo más nervioso cumplía los 4 años ese día, y la fiesta se iba a celebrar esa misma tarde.

Del estrés de la mañana, en la tarde no quedó rastro. Para Amy, encargada de las flores, ya no tenia cabida ninguna otra acción relacionada con la fiesta, por lo que mientras festejaban en la lujosa sala, ella, en su habitación descansaba.

Después de dar muchas vueltas en la cama decidió salir, la temprana hora no la dejaba pegar ojo.

Había un lugar especial para ella en el inmenso palacio, solía visitarlo con regularidad las pocas ocasiones en la que el trabajo la dejaba. Así que cogió uno de sus mantones y se lo puso en los hombros, a esas horas refrescaba un poco.

Llego hasta lo que antes era un banco acolchado techado en verde, sentándose en el.

Con el paso de los años había cambiado. El techo verde ahora era de madera, y ya no estaba forrado, como el techo, el banco también en madera se alzaba. Era su mirador.

Le parecía hermoso. Las preciosas flores frente a el seguían igual, no cambiaban, siempre fieles a ellas mismas, bellas a pesar del tiempo, y seguía sin poder evitar sonreír al mirarlas.

Esa tarde, casi oscura, estaba siendo especialmente tranquila.

Ocupados todos en la fiesta, el pequeño jardín estaba solo, casi podría decirse, preparado exclusivamente para ella.

El silencio fue roto al cabo de media hora por un ruidito de pasos. Los ojos de Amy dirigidos hacia el sonido observaron a un niño acercándose, era el príncipe Enid, el hijo de Bimala.

¿Qué hace el niño aquí? Pensó, cayendo en la cuenta de la hora, tardía ya para un niño tan pequeño. Así que supuso que seguramente lo llevaban a acostar.

Pero su sorpresa fue mayúscula cuando vio que el adulto que lo acompañaba no era un criado. Era su padre.

No es que fuese raro ver al rey con su hijo. La verdad es que con el paso de los años, Amy se había percatado de lo buen padre que resultó ser el pequeño rey que antaño conoció, pero verlo por allí en esa solitaria noche la sorprendió.

No solía encontrarse demasiado con él. Después de lo sucedido años atrás tenía la certeza de no ser del todo bien vista por Bimala.

Aun así no fue demasiado rudo en su día con ella. Entre innumerables labores eligieron el jardín como su quehacer diario en palacio, y él, Amy tenía claro, sabía lo que le gustaban las flores.

Ladeo la mirada para no encontrarse con la de él, nunca lo saludaba. Era una prisionera, no tenia por que hacerlo.

Esperó paciente sin mover un músculo, tiesa y altanera mientras se repetía; pasa ya, pasa ya, pero el hombre no la rebasó.

Y ahí estaba, sentada y rígida como embrujada por la maldición de una estatua, con mas vergüenza que orgullo, y el rey plantado a su lado.

Entonces el niño que lo acompañaba se convirtió en su pequeño salvador.

Se le enganchó en la falda intentando trepar por ella. Amy no pudo evitar una sonrisa, era un diablillo que le recordaba demasiado a su hermano.

Bimala lo agarró de la mano para apartarlo de la chica. Amy miró al hombre.

_Déjalo, no me importa. Me gustan los niños_ Le dijo.

A lo que respondió sereno_ Pero este niño no es un niño normal, es un príncipe y mi hijo. ¿Aun así sigue gustándote?_

_ ¿Príncipe?_ Preguntó sarcástica soltando una risilla bajo la mirada sorprendida del hombre. Y posándole la mano en la cabeza al chiquillo mientras suavemente la acariciaba prosiguió ante el silencio del padre con la vista puesta en el infante_ Este es solo un niño al que le gusta jugar, como a todos los niños. ¿A que si pequeñín?_ Aclaró rotunda.

El niño reía cuando Amy noto una mano en la suya. El padre acariciaba a su hijo de la misma forma que lo hacía ella y sus manos se encontraron apartándola Amy de inmediato.

_Tienes razón_ Dijo él sin mencionar el gesto_ Es solo un niño_ y le dirigió la mirada mas tierna del mundo, o eso le pareció a ella.

Mientras padre e hijo se alejaban se quedó un rato más sentada, y suspiró observando el cielo. Las estrellas están tan lejos, pensó con un gran dolor en el pecho, y se quedó en el banco unas cuantas horas más.

A partir de ese día todo fueron encuentros en los que como antaño discutía con Bimana sobre las cosas mas entupidas, pero algunas veces salían a relucir temas serios. Como, las inquietudes de ella, que hubo un tiempo en el que estudió duro porque quería llegar a donde ninguna mujer había llegado jamás, las cosas del pueblo.

Él la escuchaba atento, cosa que ella notaba y no disgustaba.

Amy era una de esas personas a las que les gustaba dialogar de todo. Inquietudes, deseos, lecciones aprendidas, y en ese lugar monótono le comenzaron a resultar refrescantes las conversaciones con aquel hombre.

En uno de esos diálogos él, sorprendiéndola, acarició su cara.

Ella inmediatamente echó hacia atrás la cabeza, una reacción que no pudo evitar, pero él insistió no cejando en su empeño.

Comenzó a pasar los dedos suavemente por la marca en su cara, y ella terminó permitiéndoselo.

_Odio tanto esta marca_ Habló después de un silencio mientras seguía perfilando con sus dedos los bordes de la quemadura. Y con los ojos observando los suyos dijo el resto sin añadir palabra.

Fue tan rápido que no le dio tiempo ni a reaccionar, repentinamente la besó, obteniendo este con tal acción sorpresiva la consiguiente respuesta.

Las manos de Amy fueron a parar a su pecho apartándolo, acto al que él no puso resistencia. Pero eso si, no calló.

_Quiero que tengas esto Amy_ Y con ojos enrojecidos, parecían al borde del llanto, puso algo en su mano.

Era una pulsera de oro en la que colgaban dos corazones que parecían de rubíes, pero la chica no la aceptó, devolviéndosela rauda.

_ ¿Es que no te cansas de hacerme sufrir?_ Preguntó Bimala con gesto cansado.  A lo que Amy respondió con un no como lo haría una revoltosa niña.

El rey rió a carcajadas a la vez que metía una mano en la parte interior de su pecho. De su ropa sacó una llave que mostró a la confundida chica, y en su cara el gesto de un hombre triste lo dijo todo. Era la llave que la haría libre.

_He preparado un carro con lo suficiente para poder empezar. Algo de dinero, comida, y ropa.

Se que no es compensación a los años que te he quitado, pero aquí tienes_ Y meneó la llave_ Esta es la llave que abre la puerta por la que años atrás entraste. Sabiendo que nunca me perdonare por haber encerrado lo que siempre debió ser libre.

Por que estoy enamorado de ti. Por todo lo que me has enseñado con tu valor. Y por haberme hecho un mejor re… no, un mejor hombre, acepta este regalo.

Por favor, coge la pulsera_

Amy lo escuchaba con los ojos abiertos como platos. Fue tanta la información recibida en poco tiempo que necesitó unos minutos para asimilarla.

_Deja que te la ponga_ Le pidió el hombre frente a ella mientras cogía su mano. Y sintiendo el frío metal en la muñeca comenzó a llorar sin resistirse notando la caricia de su calido tacto.

La despedida fue extraña. No hubo palabras, solo se alejo de Bimala con la llave y una pulsera en el brazo. Y lo supo mientras caminaba. La persona que dejaba tras ella no era el rey Bimala, era Bimala, el hombre.

Como le dijo ahí estaba.

En el establo real un carro preparado con dos caballos esperaba bien cargado, pero Amy ni se paró a mirar lo que en el había, fue directa a uno de los caballos y lo abrazó como si estuviera abrazando al ser que mas amara.

Ojeo la pulsera que adornaba su muñeca entre lágrimas, prestando especial atención a los dos corazones rojos que tintineaban en ella. Y entonces vio algo que no había visto antes.

Detrás de uno de los corazones un grabado se vislumbraba. Era su nombre escrito. Pronta miró el otro viendo lo que ya esperaba. Grabado tras el segundo encontró el nombre de Bimala.

El carro abandonó palacio con una carga y una mujer de grandes alas, que tras de si dejó un corazón rojo con su nombre grabado en el dorso bien atado a la crin del caballo del rey, llevándose con sigo sus recuerdos y un corazón regalado con el nombre de Bimala dibujado.

Años después el rey comenzó a ser llamado el sabio, porque con él llegó el comienzo de un reinado nuevo. Nunca visto en el país.

Las libertades empezaron a ser respetadas, y sus gentes avanzaron en un reino cada vez mas prospero.

Bimala, el rey sabio, empezó lo que su hijo continuó hasta convertir el país en un lugar moderno en el que todos tuvieran voz.

Las cosas fueron despacio, pero en la historia no hubo duda alguna, el reinado de Bimala, fue considerado como el comienzo de las libertades.

Pero bajo todo ese esplendor también se escondió otra historia a la que los escritos algunas letras dedicaron.

Un corazón rojo colgado en su cuello lució durante lo que duró su vida.

Nadie supo jamás el significado que para el poseía esa joya, y una leyenda se creo tras ella.

Se dijo que era el corazón de la mujer que el rey nunca olvidó, y que por el resto de su vida, y hasta su muerte amó.

Warcry-El anticristo.

Espero os haya gustado tanto como yo me he divertido escribiéndolo.

Hay quien leerá esto y me dirá, ¿eres tu Ana? jeje.

Pues si hijos si,  me dio por ahí 😉 Para que quien no lo crea vea, que en el fondo soy una romántica .

Un saludo y hasta la próxima. A ver que sale 🙂

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4 Respuestas a “BIMALA, EL REY SABIO.

  1. Hola Anita;
    que suerte tengo de ser tu hermana porque gracias a eso lo lei antes de que actualizaras jiji.
    La historia engancha desde el principio, esta muy bien pensaba, aunque claro viniendo de ti no me extrana.
    Cuando leo un libro y me gusta te digo, Ana lee este libro que esta muy bien, pues eso me pasaria con este relato, te diria Ana leelo que esta genial, para mi es de un profesional y no porque seas mi hermana, porque esta muy muy muy muy bien escrito.
    A mi como me has leido tantas cosas tuyas no me has sorprendido en nada, pero claro los que leen tu blog si se se quedaran un poco extrañados, porque tu manera de escribir aqui es mas agresiva, pero claro pega con los videos que pones.
    Cuando te propones algo eres capaz de escribir lo que quieras y darle el sentimiento adecuado.

    La cancion una pasada, va tan apropiada para este relato, me encanta.
    Cuidate y sigue deleitandonos con todo lo que haces, espero que no sea el ultimo relato, es un placer leerte.
    chao. muaka

  2. Gracias por todo lo que me pones por aquí.
    Genial si te ha gustado, pero no creo ni mucho menos que sea como el de un profesional, tanto que seguro, si lo vuelvo a leer encontraría defectos por todos lados, así que prefiero no hacerlo jeje. Es un defecto o una virtud, no lo se, pero tengo una costumbre perfeccionista de lo mas molesta 😉

    Leí el relato de la última entrada de tu blog Jasunica 😀 ya te comentare XD

    En cuanto a la canción ni siquiera pensé en ella al escribir esto, lo contrario a las demás entradas en las cuales primero elegí la música y después escribí lo que dicha canción me inspiró.
    En esta primero vino la historia y ella me llevó a la canción, que por cierto alguien me enseñó, ¿a que si Belsai?;)

    Bueno juanica que me he propuesto hacer cosicas mas variadas, un poco de todo lo que se me ocurra a ver que sale, un besico por estar siempre ahí, que te quiero guapa.

  3. Aqui estoy…como lo suelo hacer cuando tengo ideas y sabiendo que poner…ahora no es el mismo caso sinceramente,no tengo la mente en condiciones como para hacer una firma pueda expresar de una forma distinta o mas original…
    Simplemente dire …Fantastico,me dejaste sin palabras para que decir otra cosa.
    La cancion que decir,este grupo me encanta,sus letras tienen mucho mensaje.
    Un besazo guapisima y sigue asi,enseñandonos como solo tu sabes hacerlo.
    PD:Moito moito moito

  4. La canción está ahí gracias a ti Belsai ya que fuiste tu quien me la enseñó, así que gracias 🙂
    En cuanto a la falta de ideas, por eso no te preocupes, las rachas, como rachas no duran para siempre. Y no hace falta poner esto o lo otro, simplemente estar ahí, es lo único que me importa, así que te doy también las gracias por eso. Por estar que ya es mucho 😉

    Cuídate 😀

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